Frank Spisak, que escogió leer
versos de la Biblia en alemán como sus últimas
palabras, murió poco después de las 10:30
a.m. después que le inyectaron sodio tiopental
en el establecimiento correccional del sur de Ohio.
Spisak, de 59 años, estableció
el récord en Ohio como el condenado a muerte
que más tiempo pasó en la cárcel
antes de su ejecución, más de 27 años.
También fue el último
preso en el estado en morir por esa droga, tan escasa
que el estado la cambiará por un sustituto más
disponible.
Spisak atribuyó los ataques a
tiros de 1982 a su odio por los homosexuales, los negros
y los judíos y también a su supuesta enfermedad
mental vinculada con la confusión sobre su identidad
sexual.
Spisak se identificaba como mujer y
se hacía llamar Frances Spisak, nombre que usaron
sus abogados.
Jeffrey Duke, hermano de una de las
víctimas, Brian Warford, presenció la
ejecución. "Eso es lo que necesita una persona
como esa, que anda matando gente porque no le gusta
el color de su piel o su religión", dijo.
El hermano de Duke, Brian Warford, de
17 años, era negro, al igual que la primera víctima
de Spisak, el pastor Horace Rickerson.
El condenado pasó la noche descansando,
escuchando música y viendo noticieros de televisión.
Escribió una carta —no se sabe a quién—
y durmió un rato. Se duchó a las 5 de
la mañana, recibió la comunión
durante una misa católica en su celda a las 7
y de desayuno sólo quiso un café.
La Corte Suprema rechazó el miércoles
por la noche su apelación final, en la que Spisak
solicitó un aplazamiento para objetar la constitucionalidad
de la pena de muerte con base en recientes comentarios
de un juez de la Corte que criticó la pena capital
en Ohio.
Tanto la junta de libertad condicional
como el gobernador John Kasich rechazaron un pedido
de clemencia del reo.