Tras un amplio estudio sobre el uso
de los placebos, la Asociación Médica
Alemana concluyó recientemente que las píldoras
falsas suelen ser más efectivas que las verdaderas
y recomendó que los médicos las receten
con mayor frecuencia, claro está, sin informar
a los pacientes de su naturaleza verdadera.
Esto contrasta con el criterio de las
autoridades estadounidenses y británicas, según
las cuales recetar un placebo sin el consentimiento
del paciente es contrario a la ética. Los placebos
son píldoras de azúcar, harina o polvo,
aunque algunos médicos también usan vitaminas,
hierbas o fármacos en los que el ingrediente
activo está muy diluido.
La asociación alemana sostiene
que los placebos no tienen efectos secundarios y podrían
ser la última esperanza para pacientes con dolencias
difíciles de tratar, para las cuales no existen
medicamentos eficaces.
"No se deben recetar placebos para
cualquier cosa, pero en ciertas situaciones pueden ser
muy útiles", dijo el doctor Peter Scriba,
presidente del consejo asesor de la asociación.
Los placebos pueden servir para aliviar
la ansiedad o depresión leves, inflamaciones
crónicas, dolor y asma.
Los especialistas saben desde hace mucho
tiempo que los placebos en ocasiones provocan cambios
fisiológicos en pacientes que tienen expectativas
de mejorar y los escaneos revelan que el cerebro reacciona
ante los placebos de la misma manera que ante las medicinas
verdaderas.
Dicen que los placebos son más
eficaces en las enfermedades que incluyen un componente
subjetivo tal como la percepción del dolor, pero
que no lo son en absoluto para males como el cáncer
o fracturas de huesos.
Scriba dijo que no se debe usar placebos
cuando existe una terapia eficaz y que el médico
debe aclararle al paciente que le está recetando
algo fuera de lo común, pero acotó que
el médico no está obligado a usar la palabra
"placebo".
"Uno puede decirle al paciente
que le está recetando algo que ayudó a
otros a superar males similares y que el tratamiento
puede ser eficaz en su caso", sugirió.
Ted Kaptchuk, profesor adjunto de medicina
en Harvard, dijo que "eso es lo que yo llamo mentir.
No digo que esté mal, pero en Estados Unidos
sería inaceptable".
La Asociación Médica Estadounidense
advierte que los médicos que recetan placebos
sin advertir a sus pacientes pueden socavar su confianza
y hacerles daño.