El FBI
arrestó a diez personas, entre ellas una periodista
peruana, por presuntamente espiar para Rusia por más
de una década al hacerse pasar por residentes
ordinarios mientras intentaban infiltrar altos círculos
del poder estadounidense.
Un hombre acusado de
entregarles dinero a los agentes secretos permanece
fugitivo.
Los documentos judiciales
que se conocieron el lunes no dieron pistas sobre cuán
exitosos habían sido los espías en conseguir
la información que buscaban sobre armamentos,
estrategia diplomática y sucesos políticos
en Estados Unidos. Sin embargo, las autoridades aseguran
que eran espías que trabajaban a largo plazo
y en extrema clandestinidad.
Entre los detenidos había
cuatro parejas que vivían en suburbios de Nueva
York, Washington y Boston. Una de estas parejas era
la de Vicky Peláez, periodista peruana y columnista
del importante periódico hispano El Diario/La
Prensa, y su esposo, conocido como "Juan Lázaro",
que fueron arrestados el domingo en su residencia en
Yonkers, al norte de Nueva York. El FBI asegura que
grabó a Peláez con un funcionario ruso
en un país latinoamericano en el 2000.
Este tipo de agentes
encubiertos son los más difíciles de detectar
porque tienen trabajos ordinarios sin conexiones con
gobiernos extranjeros, a diferencia de los que son empleados
de embajadas y misiones militares rusas.
Según los documentos
judiciales, el FBI interceptó un mensaje de la
sede de la inteligencia rusa en Moscú dirigido
a dos de los acusados, donde les decía que su
principal misión era "buscar y desarrollar
vínculos" con los círculos de poder
del gobierno estadounidense. Otros mensajes pedían
información sobre armas nucleares, Irán,
rumores sobre la Casa Blanca, el liderazgo de la CIA,
las elecciones presidenciales, el Congreso y los partidos
políticos.
Las impactantes detenciones
luego de una investigación de varios años
podrían ser tan importantes como la famosa captura
del coronel soviético Rudolf Abel en 1957 en
Nueva York.
Según los documentos
judiciales, los acusados se comunicaban por medio de
una red inalámbrica de rango corto entre computadoras
portátiles, pero también usaban métodos
de la época de la Guerra Fría, como tinta
invisible, envíos rápidos de datos por
radio, "roces" en públicos para entregar
mensajes e identidades y documentos de viaje falsos.
El sábado, oficiales
encubiertos del FBI se reunieron con dos de los acusados,
Anna Chapman en Nueva York y Mikhail Semenko en Washington,
haciéndose pasar por agentes rusos. Les encargaron
hacer entregas clandestinas, lo que Semenko cumplió
pero Chapman no.
Los arrestos llegan apenas
unos días después de la visita del presidente
ruso Dmitry Medvedev a la Casa Blanca, como parte de
un relanzamiento de las relaciones entre Estados Unidos
y Rusia.
Peláez, de 55
años, Lázaro, de 65, Chapman y los acusados
conocidos como Richard y Cynthia Murphy, residentes
de la vecina Nueva Jersey, comparecieron la noche del
lunes en una corte federal de Nueva York, donde un juez
ordenó que permanezcan detenidos sin posibilidad
de pagar fianza y programó una nueva audiencia
para el jueves.
Vestidos en ropas informales,
los detenidos dijeron: "Sí", cuando
les preguntaron si entendían los cargos en su
contra. Ninguno hizo una declaración de culpabilidad
o inocencia.
"La evidencia es
realmente abrumadora", dijo el fiscal federal asistente
Michael Farbiarz.
Sin embargo, Waldo Mariscal,
el hijo de Peláez, dijo que el caso "es
una farsa. No conocemos a la otra gente".
Según el expediente,
Peláez recibió un paquete con dinero de
un representante del gobierno ruso alrededor del 14
de enero del 2000 en un país sudamericano no
especificado. El texto agrega que alrededor del 25 de
agosto del 2007, en un parque en un país sudamericano
no especificado, agentes encubiertos vieron al esposo
recibiendo una bolsa de manos de un agente ruso.
Peláez y su esposo,
que se considera ciudadano peruano pero nació
en Uruguay, llevan más de 20 años en Estados
Unidos, según los documentos judiciales. La periodista
es conocida por sus columnas de opinión donde
critica duramente al gobierno estadounidense.
Según un documento
de los fiscales, Lázaro y Peláez hablaron
sobre cómo pasar mensajes encubiertos con tinta
invisible a funcionarios rusos en un viaje de ella a
Sudamérica.
Los otros detenidos son
Michael Zottoli y Patricia Mills, que al igual que Semenko
viven en Arlington, Virginia, y Donald Howard Heathfield
y Tracey Lee Ann Foley, de Cambridge, Massachusetts.
Los diez fueron acusados
de conspirar para fungir como agentes de un gobierno
extranjero sin notificar al secretario de Justicia de
Estados Unidos, cargo que conlleva hasta cinco años
de prisión. Nueve de ellos también están
acusados de conspirar para lavar dinero, que puede significar
una sentencia de hasta 20 años de cárcel.
En Moscú, el ministerio
de Relaciones Exteriores dijo que estaba analizando
las declaraciones de Estados Unidos sobre el caso y
que la información parecía "contradictoria".
El vocero Igor Lyakin-Frolov no quiso dar más
detalles.
El Servicio de Inteligencia
Exterior ruso (SVR) no quiso hacer declaraciones. |