PARTE
I (07/08/09)
Por Roberto Rullan
Hola Roberto, como estas? Han pasado muchos años
desde que nos vimos y aun te ves bien – físicamente
por lo menos. Me llena mucho de tristeza recordar momentos
de tu vida – desde la infancia hasta el día
de hoy. Son recuerdos tristes pero sé que hemos
tenido que aprender a darle cara a la dura realidad
de la vida.
Recordemos el día 18 de Septiembre del 1952 cuando
naciste en el Hospital de San Lucas de Ponce Puerto
Rico. Nuestros padres, Irma y Pedro Rullan, tal vez
celebraron tu llegada a este mundo. Recuerdo a nuestra
abuela América Gispert, la mama de nuestra madre
y a mi tío Osvaldo quien acababa de llegar de
la guerra de Corea. El estaba junto a su esposa Carmen
Ana Colon. Todos estaban contentos con el nacimiento
del tercer hijo, Roberto, de Irma y Pedro Rullan.
Por parte de la familia Rullan no puedo decir mucho
porque no recuerdo haberlos visto cuando tus hermanos
Héctor y Edwin nacieron. Mucho menos cuando tú
naciste. Hay de veras se me borra la memoria o tal vez
es que no quiero que la memoria me lleve a donde mi
mente no quisiera estar. En aquellos tiempos te decían
“el gordito” de la familia. Los meses entonces
tomaron su curso. Pasó el día de Acción
de Gracias y se aproximaban las fiestas más celebradas
en Puerto Rico. Las fiestas de Navidad!
De esa manera llegaron las fiestas de la Navidad del
1952. Toda la familia por parte de nuestra madre celebraba
en grande la época, la despedida del año
viejo y con ello la llegada del 1953. Una vez más
no recuerdo mucho la participación en estas fiestas
de nuestro padre Pedro Rullan ni mucho menos de cualquier
otro que estuviera relacionado a la Familia Rullan.
Pero eso no importa porque lo más importante
era que nuestra madre estaba contenta y nos tenía
a los tres junto a ella.
Durante esa época recuerdo claramente ver a Héctor
quien apenas tenía dos años y a Edwin
de 17 meses correr por la sala y haciendo las maldades
típicas de los niños de esa edad. Tú
apenas tenias tres meses y nuestra madre te cargaba
en sus brazos a cada rincón de la casa.
Finalmente llego el Año Nuevo. El año
1953 fue recibido con música, comida típica
y con una noche de celebración que culmino en
la bienvenida del nuevo año en altas horas de
la mañana. Enero 1953! Una vez más, la
presencia de nuestro padre brillaba por su ausencia.
Un mes después se celebraba el 14 de Febrero;
la celebración del Día de Los Enamorados.
Aun no recuerdo que nuestro padre compartiera un solo
minuto con nuestra madre en uno de los días de
la celebración del amor; si era que en ese tiempo
aun existía el amor. No sé si te acuerdas
pero ese día paso desapercibido como pasaron
muchos días entre nuestros padres. Recuerdo claramente
que ya existía una distancia entre ambos por
razones ajenas a nuestro conocimiento.
FEBRERO 22, 1953
El día 22 de Febrero del 1953 se convirtió
en el día más triste para nosotros. Eran
como las 11:30 de la mañana cuando nuestra madre
se encontraba a solas con nuestra abuela América
en su casa. Ya para ese tiempo nuestros padres se habían
separado y los celos corrían por la mente de
nuestro padre. El tenia en su mente que nuestra madre
tenía a otra persona en su vida, sin darse cuenta
el, que las únicas personas en la vida de nuestra
madre eran sus hijos. (No te olvides Roberto que ella
había tenido un matrimonio anterior y tenía
dos hijos mayores que nosotros). Te acuerdas de sus
nombres? Ismael Valentín e Irma Valentín.
Ese día cegado por los celos y bajo la influenza
del alcohol, nuestro padre se presento en nuestra casa,
y sin mediar palabras y con una pistola calibre 22 en
sus manos abrió fuego en contra de nuestra madre.
Recuerdo que en ese momento ella se encontraba en el
balcón de la casa, sentada en una silla mecedora
contigo de cinco meses y con Edwin en sus brazos. Nuestro
padre le disparo dos veces a quemarropa en el pecho
y cuando ella cayó al piso le hizo el último
disparo en la espalda. Éramos tres hijos y ella
recibió tres disparos muriendo en el acto.
Tú y Edwin cayeron al piso ileso de los disparos.
Vi a nuestra abuela correr al balcón y lanzarse
sobre su hija de 28 años de edad quien estaba
muerta. Recuerdo que nuestra abuela le gritaba a nuestro
padre “asesino” y este lleno de cobardía,
como lo hacen aquellos que no se valoran a sí
mismo, huyo de la casa.
Nuestro padre corrió varios bloques y se metió
en una cantina donde horas después fue arrestado.
Que poco hombre y que poco valor de un ser humano! Según
me contaron el no resistió el arresto. Este “hombre”
no pensó que dejaría a tres huérfanos
prácticamente desamparados.
Nuestra madre fue sepultada y nosotros nos fuimos a
vivir con nuestra abuela y nuestros tíos Osvaldo
y Carmen Ana. Ellos ya tenían varios hijos pero
abrieron sus puertas para cuidar de nosotros. Sin embargo,
por parte de la familia Rullan nadie hizo nada. Ninguno
de los hermanos o hermanas de nuestro padre se ofreció
a cuidarnos o por lo menos ofrecernos apoyo.
Según se comentaba en esos tiempos, el asesinato
perpetrado por nuestro padre le trajo mala reputación
a la familia Rullan quienes en esos tiempos tenían
bastante dinero. Se cuenta que nuestra abuela por parte
de padre murió del dolor que su hijo le había
causado. Tal vez para ella era difícil darle
pecho a la realidad de que su hijo, en este caso, un
asesino sin piedad ni corazón, había segado
la vida de una mujer y dejado huérfanos a tres
hermanos.
Yo leí el periódico de Ponce y la historia
relata un acontecimiento que tal vez solamente se vea
en una película. Pero este caso era real. Era
para aquellas personas que le conocían a los
dos difícil de creer hasta que la realidad de
esa pesadilla salió a la luz del día.
Pedro Rullan fue encarcelado por asesinato en primer
grado pero sin embargo no cumplió su condena
y salió en libertad pocos años después
por su buena conducta en la penitenciaria.
Pasaron muchos años antes que tuviéramos
la oportunidad de conocer a nuestro padre. Para mí
en lo personal nunca lo he reconocido como padre y el
rencor que llevo en mi corazón nunca desaparecerá.
Te acuerdas cuando lo conociste? Estabas ya de interno
en la Institución Ferrán de Ponce y uno
de los sacerdotes hizo los arreglos para que lo conocieras.
Nos sentimos obligados a relacionarnos con aquella persona
llamada “nuestro padre” y te garantizo que
era muy difícil mirarle la cara a quien mato
a mi madre. Recuerdo que nos hacia miles de promesas
para ganar nuestra amistad. Nos decía que nos
llevaría a vivir con él pero gracias a
Dios eso nunca paso. Vivir con una persona como esa
seria vivir una vida en el propio infierno. Dicen que
Dios nos enseno a perdonar todo; pero en este caso yo
nunca perdonare. Es simple y sencillo – solamente
Dios nos da la vida y Dios nos la quita.
No sé cuánto tiempo después de
conocer a nuestro padre él se caso con una niña
de 15 años llamada Gloria. Ella se convirtió
en nuestra “madrastra” y por cierto ella
era muy abusiva. Me obligaban a visitarlos y yo se que
tu tampoco querías estar en la presencia de ellos.
Te acuerdas como nos trataba? Nos trataba como sus sirvientes
y esclavos. Éramos nosotros quienes teníamos
que limpiar la casa y hacer todos los quehaceres mientras
ella simplemente daba órdenes. Era una persona
muy abusiva, tanto físicamente como mentalmente.
En muchas ocasiones te dije que Gloria era una “diabla”
y que solamente se había casado con nuestro padre
por dinero o quien sabe porque. A la verdad no me interesa
ni porque lo hizo pero era lo peor que habíamos
conocido a nuestra temprana edad. A veces me preguntaba
cómo era posible que una muchacha tan joven y
bonita se hubiera casado con un asesino.
Siempre te dije que no podía permitir ni aceptar
a una “madrastra” y mucho menos a una mujer
que le ganaba por pocos años a mi hermano mayor
Héctor. De su matrimonio con nuestro padre nacieron
varios hijos y una niña. Yo recuerdo muy bien
a Edgardo “Eggy” quien a una corta edad
murió de leucemia.
Ese fue otro momento triste en nuestras vidas. Cuando
Edgardo murió nuestro padre no estaba en el hospital
para darle el último adiós. Pero si recuerdo
que tú estabas. Recuerdo que Edgardo te dijo
“hermanito me traes lechón asado”?
Lamentablemente y debido a su condición médica
no podía comer nada de eso. Pocas horas después
y en tus brazos Edgardo tocia sangre y murió.
Nunca habías visto a una persona morir y mucho
menos a tu propio hermano.
Roberto, se que tu mente recibió duros golpes
y fueron esos golpes que en cierta manera te ayudaron
a seguir el camino de la vida que tuviste y aprender
a bloquear acontecimientos tristes de tu mente desde
una corta edad. Te felicito por eso! No son muchos los
seres humanos que aprenden a sobrepasar un golpe, como
la muerte de la madre y de un hermano a una corta edad
como lo hiciste tú.
Pero sabes, ese fue el comienzo de un camino largo lleno
de penas, tristezas y dolor.
Antes de seguir tengo que recordarte la vida que tú
y tus hermanos vivieron con los Padres Paúles
en la Institución Ferrán de Ponce. Recuerdo
que primero entro a la institución Héctor
y después Edwin y por ultimo tú. Me acuerdo
del Padre Sola Morales. Un ser con un corazón
inigualable. Un sacerdote que buscaba el bienestar de
todos los huérfanos en el albergue. Era algo
inexplicable. Éramos una familia de huérfanos
bajo un régimen Católico que nos dieron
la mejor educación que cualquier estudiante podría
imaginar.
Los padres eran estrictos pero nos trataban muy bien
y nos cuidaban. Te acuerdas cuando nos levantaban por
las mañanas con solamente las palmadas de sus
manos? Me acuerdo que corríamos a prepararnos
para ir a la capilla antes del desayuno. A veces no
era lo que queríamos hacer pero lo teníamos
que hacer. Muchos de nosotros preferíamos estar
en otro lugar menos que en una capilla. Después
de ahí, a desayunar. Hum, hum, que rica comida!
Después al salón de estudios y prepararte
para la caminata al Colegio Ponceño de Varones.
Te acuerdas de los maestros? Curas y monjas y los estudiantes
eran todos varones. No sé si estarás de
acuerdo conmigo pero creo que esa fue la mejor educación
que recibimos y sin pagar. Y recuerdo también
momentos agradables e inolvidables cuando los curas
nos llevaban al rio y a los paseos.
Qué bonita niñez e infancia. Los padres
y las monjas eran nuestros "padres y madres"
quienes tomaron en sus corazones los sufrimientos nuestros
y los trataron de convertir en años de paz y
alegría.
Recuerdo cuando Héctor y Edwin jugaban en el
equipo de básquet de la institución. Era
los gigantes en contra de los enanos (una broma).
Ahora llevare tu mente cuando recibimos la noticia de
la muerte de nuestro padre. Cuando el murió,
y según se informa, lo mataron y encontraron
su cadáver flotando en un riachuelo en Jayuya.
Yo se que tu no querías ir al funeral y prácticamente
te obligaron a ir. Tu tío Jaime se aseguro que
fueras, a la buena o a la mala. Hay varias versiones
acerca de los acontecimientos de su muerte y para ser
honesto, en lo personal no me interesan.
Acuérdate Roberto que hay un dicho que dice que
“el que a hierro mata a hierro muere”. En
este caso se aplica profundamente. No es que desearle
la muerte a un ser humano es correcto, pero recordemos
como el mato a nuestra madre.
Pero recordemos aun más.
Nunca se me olvida el viaje de Ponce a Jayuya para asistir
al funeral. Era una carretera llena de curvas y en el
carro de nuestro tío íbamos como sardinas
en lata. Yo me estaba mareando de tantas curvas y hasta
sentía que no podía respirar. Ese camino
se nos hizo muy largo. Al fin llegamos a este lugar
que era una mezcla de una casa y un bar. Ese lugar pertenecía
a la suegra de nuestro padre. Había varias personas
y el féretro de nuestro padre estaba abierto.
Tú no querías entrar, ni Edwin tampoco.
Tu tío Jaime nos regañó y dijo
que era una falta de respeto no darle la última
visita a nuestro padre. Yo se que tú te preguntabas
sobre el “respeto” y en cierto sentido yo
también. Yo se que tu tenias que enfrentar dos
cosas a la vez; ver a nuestro padre en un ataúd
y ver a su esposa Gloria. Yo se que para ti era mucho
peso mentalmente. No por el dolor de la pérdida
de un “padre” pero verte forzado a estar
en un lugar donde no queríamos estar.
Te acuerdas de los “amigos” de nuestro padre
quienes ponían botellas de ron dentro del ataúd?
El mismo alcohol que lo motivo a matar a nuestra madre
tenía que estar presente hasta el último
lugar de su morada. Para qué?
Yo se que para ti, y aunque no lo dijeras, era insólito
y en tu mente me imagino que viajaban imágenes
que no vistes, o por lo menos que no recuerdas, cuando
esa persona mato a nuestra madre. Sé que te habrás
preguntado porque no le pusieron en el ataúd
una pistola. Total iba de mano en mano con las botellas
de ron.
Finalmente y después de un largo día la
caravana fúnebre partió hacia el cementerio
local. Edwin y tú se quedaron en la entrada del
cementerio y esa fue la última vez que vimos
el ataúd de nuestro padre. Se dice que fue enterrado
junto a nuestro hermano pero nunca hemos visitado esa
tumba. Después de eso la vida continúo
con los curas en la Institución Ferrán.
Pero todo lo bueno tiene un final.
Después de salir de la Institución Ferrán
tomamos caminos distintos. Héctor a una temprana
edad consigue un trabajo en una tienda de ropas. Edwin
y nosotros comenzamos a vivir una vida de incertidumbres.
Realmente no tenías sitio donde ir y fuimos obligados
a abrirnos camino en la vida.
Tu tuviste la oportunidad de mudarte con Héctor
y trabajar con el por un tiempo. Edwin fue llamado al
servicio militar y tú te pusiste de voluntario
para el ejército. No te aceptaron porque no tenías
la edad legal de 17 años. Sin embargo lograste
cambiar tu acta de nacimiento y poniéndote un
año más logras ingresar al ejército.
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