Noticia Actualizada: 16-Jul-2009 5:37 PM (Hora de California)

PARTE II 07/09/09

por Roberto Rullan


Debido a las pocas oportunidades de estudio y trabajo en Puerto Rico, aunque trabajaste un tiempo como locutor de radio, la decisión de ingresar al ejército fue la mejor. Aunque en ese entonces, el 1968, la guerra de Vietnam estaba en todo su apogeo, tu decisión fue aceptada por ti y por mí.
Te confieso que siempre estuve preocupado por ti y por Edwin porque ahora los tenía a los dos en el ejército. Lo más que me agrado de todo ese tiempo militar fue que tu y Edwin tuvieron la oportunidad de compartir entrenamiento básico en la misma base de South Carolina. Aunque el te ganaba por dos semanas adelantadas en su entrenamiento, por lo menos una vez más estaban prácticamente juntos.

Ah, pero déjame decirte que Edwin no estaba muy contento contigo porque ingresaste al ejercito. Recuerdo cuando te pregunto “y tú qué haces aquí”? Te dijo que estabas muy joven para el ejército y que hubiera sido mejor que te hubieras quedado en Puerto Rico. Tú sin embargo aceptaste el hecho de haber ingresado al ejército, pero lo que Edwin no sabía era que tú preferías estar cerca de él durante lo que serian los meses más duros y dolorosos para ambos. Me refiero al entrenamiento militar.

Te acuerdas de los primeros días en ese entrenamiento militar? Pues yo sí. Eran momentos agonizantes, duros y aun más cuando no sabías hablar Ingles. Era difícil tratar de entender lo que decían y casi todo el tiempo tenías que pagar un precio alto por so saber Ingles.

Correr de un punto a otro en vez de caminar te destrozó los pies. Claro no estabas acostumbrado a tanto correr especialmente con un uniforme y equipo militar que pesaba parte de lo que tú pesabas. Los ejercicios eran difíciles, los días muy largos y las horas para dormir muy cortas. Recuerdo que apenas cerrabas los ojos a horas tardes de la noche cuando de repente (horas después) había un sargento instructor tirándote de la cama. Tenías 10 minutos para estar listo en formación con tu equipo militar. Pero yo se que esa parte no se te hizo tan difícil porque cuando vivías en la Institución Ferrán tenían también un formato diario y estricto de que harías a cada hora. Por esa parte te felicito.

Pero recuerdo momentos tristes por los cuales pasaste durante tu entrenamiento militar. Un día, después de pasar largas horas en los montes de la base y aprendiendo a usar armas de fuego, regresaste a los dormitorios militares y te sentaste a llorar en las escaleras. Yo se que tus lagrimas eran las de una persona que había brincado de la niñez a la madurez sin haber pasado por la etapa de la adolescencia. Eran lágrimas de frustración contigo mismo porque no podías ponerte a nivel de los demás por la falta del lenguaje Ingles. Físicamente me acuerdo que estabas grande para tu edad. Medias unos 6 pies de estatura y pesabas unas 220 libras.

Pero el peso de tu cuerpo no te ayudaba a llevar el peso de presión de los entrenamientos. Hay que recordar que apenas tenias unos meses más de los 16 años de edad.

Te acuerdas ese día cuando Edwin te fue a visitar y al ver tus lágrimas te dijo que ese no era un lugar para ti. En varias ocasiones te dijo que nunca hubieras entrado al ejército, por lo menos no a esa edad.

Yo se que las palabras de nuestro hermano te llegaron profundamente y desde ese momento te pusiste en tu mente que tu podías completar el entrenamiento y seguir adelante con tu vida militar. Y así lo hiciste!

Yo te observada y veía como cada día ponías mas de tu parte para seguir adelante. Hiciste todo lo que era necesario para completar ese entrenamiento. Hasta buscaste ayuda de aquello otros hispanos que podían traducir para ti las instrucciones de los instructores. Pero como todo en la vida no es color de rosas, por poco no terminas tu entrenamiento.

Te voy a decir porque. Un día cuando aun te faltaban tres semanas para termina tu entrenamiento básico fueron al monte a practicar como brincar y sobrepasar obstáculos. Uno de ellos era bajar por una cuerda desde el tope de una piedra y al llegar al piso tenias que correr con todo tu equipo de combate hasta un área protegida.

Digo, ahora me puedo reír un poco al recordar cuando bajabas en la cuerda. Lograste llegar a la mitad de la roca y al perder control de la soga caíste fuertemente en el piso. Te fracturaste la pierna derecha y te pusieron un yeso. Estabas desilusionado porque pensaste que hasta ese momento tu carrera militar había terminado. Tus oficiales te dijeron que a lo mejor tendrías que regresar a un nuevo entrenamiento y comenzar desde el punto que dejaste.

Ya sé y no me lo recuerdes. Tú insististe que querías continuar el entrenamiento y con todo y yeso en la pierna derecha te permitieron terminar. Si fuera yo me hubiera ido de vacaciones medica. Pero tú no eres igual que yo, y aunque yo soy tu otro yo, en esa me ganaste. Cojeando mayormente lograste terminar tu entrenamiento básico en South Carolina. Me acuerdo como si fuera hoy que te dieron unas condecoraciones por tu esfuerzo de terminar al nivel de los demás con un yeso en la pierna.

Desde ese entonces supe que tu cabeza era más dura que el acero y que para ti no existían barreras que te detuvieran. Tu graduación del entrenamiento fue algo simbólica porque tuviste la oportunidad de ver a nuestro hermano Edwin quien al darte un abrazo te dijo que estabas “loco”. Pero claro lo dijo de cariño. Y lo bueno fue que ya no te regañaba por haber ingresado en el ejército de los Estados Unidos.

Pero aun la faceta de entrenamientos no terminada. Todavía te faltaba el entrenamiento avanzado. En este caso de infantería. Pero había un problema; Edwin también fue asignado al mismo entrenamiento, por lo tanto, en las viejas reglas militares, dos hermanos no podían estar en ese mismo lugar.

Edwin comenzó su entrenamiento en la infantería mientras a ti te tenían en espera a ver qué ocupación militar te darían. Con tu poco Ingles eran pocas las opciones. Finalmente te enviaron a Fort Lee, Virginia en espera de que Edwin terminara su entrenamiento de infantería.

Ah como recordamos Fort Lee. Cuando llegamos estaba cubierto de nieve. Tú nunca habías visto nieve en tu vida y recuerdo que saliste a jugar con la nieve en camiseta y sin abrigo. Parecías un niño con un nuevo juguete. Tienes suerte que no te dio una pulmonía.

En Fort Lee te mandaron a una escuela militar donde tuviste la oportunidad de aprender más Ingles y una carrera militar en abastecimientos logísticos. Yo se que era difícil para ti pero le echaste muchas ganas. Ahí conociste a un sargento de apellido Rullan. Y como el apellido Rullan no es común el te busco. Resulta ser que este sargento Rullan era pariente lejano de nuestro padre. Te trato bien y te ayudo mucho militarmente mientras estabas en Fort Lee. Yo se que tu se le agradeciste hasta el ultima día que estuviste en esa base militar.

En el 1969, mientras estabas en Fort Lee te enteras que nuestro hermano Edwin ha sido ordenado a servir como infantería en la guerra de Vietnam. Los dos nos pusimos muy tristes y preocupados. A ti te enviaron a Fort Riley, Kansas en lo que tu hermano servía en Vietnam. En esos tiempos dos hermanos no podían estar en un área de combate al mismo tiempo. Por lo tanto tú tenías que esperar tu turno.

La vida en Kansas para ti no era agradable. Todos los días pensabas en tu hermano y en su seguridad.

Seis meses después te inscribiste como voluntario para la guerra de Vietnam. Qué locura! Edwin aun estaba en Vietnam pero de una manera u otra el ejército no verifico la información antes de darte las órdenes para Vietnam. Recuerdo que te dieron 30 días de vacaciones a Puerto Rico antes de reportarte a la base militar de Oakland, California antes de emprender tu viaje a Vietnam.

Los 30 días en Puerto Rico fueron como una despedida de todos, tal vez la final. Tal vez era la última vez que veías a tus pocos familiares y pocos amigos que te quedaban. Era como si estuvieras en un conteo regresivo en donde los días pasados no volverían y donde el futuro era incierto.

Yo te digo Roberto que yo tenía mucho miedo. En primer lugar Edwin estaba ya en Vietnam y tú ibas en camino. Todas las noches le pedía a Dios por los dos. Era muy difícil para mí enfrentar dicha realidad. Por Héctor no me preocupada porque él no estaba en el ejército y sabia que nunca lo haría. Dos de mis hermanos ya habían respondido al llamado de la protección de nuestra nación, incluyendo Puerto Rico.

Llego la hora cero y mi otro yo de apenas 17 años de edad iba en camino hacia la guerra de Vietnam.

Te acuerdas del día que saliste de Puerto Rico hacia la guerra de Vietnam? Era una mañana bajo el candente sol de la isla del encanto; Puerto Rico. Te despediste de todos y tomaste un avión de Ponce a San Juan. En San Juan tuviste que esperar varias horas para los vuelos que te llevarían hasta la base militar de Oakland, California. Después de cruzar los estados del sur al noroeste llegaste a Oakland. Uff, recuerdo que el corazón me palpitaba a las millas pero sin embargo tú estabas tranquilo y confiado. Para ti era como una misión artística donde tu presencia era necesaria. Te garantizo Roberto que eso no era lo que yo pensaba.

Te digo lo que pensaba? A mi otro yo le patina la cabeza, está loco o qué? Como es posible que una persona tan joven pueda enlistarse de voluntario para ir a pelear en una guerra que quien sabe por quién están peleando. En mi mente eras un niño que aun no había tenido la oportunidad de vivir la juventud. Pero terco como el solo; su decisión era la última. Ir a pelear a tierras lejanas sabiendo que tal vez nunca volvería.

La base de Oakland era el lugar donde los soldados que iban en camino a Vietnam eran procesados, se les entregaba su uniforme de combate y pasaban por una serie de exámenes médicos. Era “el ultimo adiós a la patria” por si no regresaban.

La ropa civil que llevabas puesta, un pantalón gris con una camisa azul y otras pertenencias fueron empaquetados en Oakland y enviada a nuestros familiares en Puerto Rico. Nadie supo nada de ti desde que llegaste a Oakland. Todo era silencio hasta que los familiares recibieron el paquete con la ropa que tenias puesta cuando partiste de Puerto Rico. Fue escalofriante abrir el paquete.

Pasaron semanas y no había noticias de ti. Yo en lo personal estaba muy preocupado porque no había ningún tipo de comunicación. Nadie decía nada. Me preguntaba, estará mi hermano bien? Pues claro soy tu otro yo y estaba muy preocupado.

VIETNAM

Noticias, finalmente recibimos una carta de Roberto!
Leí tu carta y era triste. En esa carta nos explicabas las noches largas y tristes que pasaste en la base militar de Oakland, las noches sin dormir y la preocupación por lo que el futuro o el destino te traerá. Hablabas de nuevos amigos que conociste pero que ellos también estaban preocupados y llenos de incertidumbres y que muchos te decían que a lo mejor no volverían a ver a sus familiares y amigos otra vez. Decías que habías llegado a una base militar en Vietnam llamada CamRham. Decías que estabas en proceso en el país, más exámenes médicos, orientaciones militares y en la espera de saber en qué lugar de Vietnam serias asignado.

Sonabas un poco alegre al mencionar que conociste varios soldados puertorriqueños y que no te sentías tan solo porque por lo menos tenías con quien hablar en tu propio lenguaje. Hablabas de las altas temperaturas, el calor, la humedad, la jungla y animales que nunca habías visto. Hacías énfasis de la distancia en millas desde Puerto Rico a Vietnam y como añorabas tu isla, su gente, sus comidas y la alegría que hace de Puerto Rico una patria única.

Dijiste que sentías más miedo que nunca cuando te entregaron tu equipo de combate y los uniformes especiales para el clima de Vietnam. Decías que sentías mucho miedo al escuchar las detonaciones de las balas y cañones en la vecindad aunque por ahora estabas en un área segura.

Se me salieron las lágrimas y no pude leer más tu carta…..
Después supe que un puertorriqueño te dijo en esa base que había conocido recientemente a otro puertorriqueño de apellido Rullan quien se encontraba en un hospital militar al sur de Vietnam. Supe que le dijiste que tenias un hermano en Vietnam y que la realidad del momento era en si tu propio hermano quien se encontraba en camino hacia los Estados Unidos por razones medicas. Sé que no tuviste la oportunidad de verlo en Vietnam antes que partiera y sé que para ti fue un golpe muy duro.

Edwin estaba lastimado pero medicamente bien.
Aun recuerdo más. Al terminar tu proceso de llegada a Vietnam fuiste asignado a una compañía de infantería. La misma compañía donde estuvo tu hermano. Pero pocos días después te enviaron a una compañía de aviación en donde te convertiste en un operador de ametralladoras desde el aire; conocido en Ingles como “door gunner”.

Recuerdo, y mirándote desde lejos, lo difícil que fueron tus primeros días en una zona de combate. Estabas al sur de Vietnam asignado a una unidad de ataques de combates aéreos de helicópteros. Un trabajo que nadie quisiera tener. Esta unidad se dedicaba al apoyo aéreo de tropas en combate, especialmente infantería. Se podía ver una caravana aérea de helicópteros en el aire y sus operadores de ametralladoras disparando sin cesar. La seguridad humana en un helicóptero de combate es poca, por lo tanto las maniobras de los pilotos, entrenados para combate, aseguraban, por lo menos, la protección de los tripulantes. Pero no era color de rosas.

Te acuerdas de las misiones de combate de noche? El enemigo disparaba en contra de los helicópteros y lo único que podías apreciar eran las detonaciones, como si estuvieras celebrando el Cuatro de Julio, y el candente furor de las balas pasando solamente a distancia de tu helicóptero. El cielo obscuro brindaba una protección total mientras que durante el día, eras vulnerable a todo.

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