PARTE
II 07/09/09
por Roberto Rullan
Debido a las pocas oportunidades de estudio y trabajo
en Puerto Rico, aunque trabajaste un tiempo como locutor
de radio, la decisión de ingresar al ejército
fue la mejor. Aunque en ese entonces, el 1968, la guerra
de Vietnam estaba en todo su apogeo, tu decisión
fue aceptada por ti y por mí.
Te confieso que siempre estuve preocupado por ti y por
Edwin porque ahora los tenía a los dos en el
ejército. Lo más que me agrado de todo
ese tiempo militar fue que tu y Edwin tuvieron la oportunidad
de compartir entrenamiento básico en la misma
base de South Carolina. Aunque el te ganaba por dos
semanas adelantadas en su entrenamiento, por lo menos
una vez más estaban prácticamente juntos.
Ah, pero déjame decirte que Edwin no estaba muy
contento contigo porque ingresaste al ejercito. Recuerdo
cuando te pregunto “y tú qué haces
aquí”? Te dijo que estabas muy joven para
el ejército y que hubiera sido mejor que te hubieras
quedado en Puerto Rico. Tú sin embargo aceptaste
el hecho de haber ingresado al ejército, pero
lo que Edwin no sabía era que tú preferías
estar cerca de él durante lo que serian los meses
más duros y dolorosos para ambos. Me refiero
al entrenamiento militar.
Te acuerdas de los primeros días en ese entrenamiento
militar? Pues yo sí. Eran momentos agonizantes,
duros y aun más cuando no sabías hablar
Ingles. Era difícil tratar de entender lo que
decían y casi todo el tiempo tenías que
pagar un precio alto por so saber Ingles.
Correr de un punto a otro en vez de caminar te destrozó
los pies. Claro no estabas acostumbrado a tanto correr
especialmente con un uniforme y equipo militar que pesaba
parte de lo que tú pesabas. Los ejercicios eran
difíciles, los días muy largos y las horas
para dormir muy cortas. Recuerdo que apenas cerrabas
los ojos a horas tardes de la noche cuando de repente
(horas después) había un sargento instructor
tirándote de la cama. Tenías 10 minutos
para estar listo en formación con tu equipo militar.
Pero yo se que esa parte no se te hizo tan difícil
porque cuando vivías en la Institución
Ferrán tenían también un formato
diario y estricto de que harías a cada hora.
Por esa parte te felicito.
Pero recuerdo momentos tristes por los cuales pasaste
durante tu entrenamiento militar. Un día, después
de pasar largas horas en los montes de la base y aprendiendo
a usar armas de fuego, regresaste a los dormitorios
militares y te sentaste a llorar en las escaleras. Yo
se que tus lagrimas eran las de una persona que había
brincado de la niñez a la madurez sin haber pasado
por la etapa de la adolescencia. Eran lágrimas
de frustración contigo mismo porque no podías
ponerte a nivel de los demás por la falta del
lenguaje Ingles. Físicamente me acuerdo que estabas
grande para tu edad. Medias unos 6 pies de estatura
y pesabas unas 220 libras.
Pero el peso de tu cuerpo no te ayudaba a llevar el
peso de presión de los entrenamientos. Hay que
recordar que apenas tenias unos meses más de
los 16 años de edad.
Te acuerdas ese día cuando Edwin te fue a visitar
y al ver tus lágrimas te dijo que ese no era
un lugar para ti. En varias ocasiones te dijo que nunca
hubieras entrado al ejército, por lo menos no
a esa edad.
Yo se que las palabras de nuestro hermano te llegaron
profundamente y desde ese momento te pusiste en tu mente
que tu podías completar el entrenamiento y seguir
adelante con tu vida militar. Y así lo hiciste!
Yo te observada y veía como cada día ponías
mas de tu parte para seguir adelante. Hiciste todo lo
que era necesario para completar ese entrenamiento.
Hasta buscaste ayuda de aquello otros hispanos que podían
traducir para ti las instrucciones de los instructores.
Pero como todo en la vida no es color de rosas, por
poco no terminas tu entrenamiento.
Te voy a decir porque. Un día cuando aun te faltaban
tres semanas para termina tu entrenamiento básico
fueron al monte a practicar como brincar y sobrepasar
obstáculos. Uno de ellos era bajar por una cuerda
desde el tope de una piedra y al llegar al piso tenias
que correr con todo tu equipo de combate hasta un área
protegida.
Digo, ahora me puedo reír un poco al recordar
cuando bajabas en la cuerda. Lograste llegar a la mitad
de la roca y al perder control de la soga caíste
fuertemente en el piso. Te fracturaste la pierna derecha
y te pusieron un yeso. Estabas desilusionado porque
pensaste que hasta ese momento tu carrera militar había
terminado. Tus oficiales te dijeron que a lo mejor tendrías
que regresar a un nuevo entrenamiento y comenzar desde
el punto que dejaste.
Ya sé y no me lo recuerdes. Tú insististe
que querías continuar el entrenamiento y con
todo y yeso en la pierna derecha te permitieron terminar.
Si fuera yo me hubiera ido de vacaciones medica. Pero
tú no eres igual que yo, y aunque yo soy tu otro
yo, en esa me ganaste. Cojeando mayormente lograste
terminar tu entrenamiento básico en South Carolina.
Me acuerdo como si fuera hoy que te dieron unas condecoraciones
por tu esfuerzo de terminar al nivel de los demás
con un yeso en la pierna.
Desde ese entonces supe que tu cabeza era más
dura que el acero y que para ti no existían barreras
que te detuvieran. Tu graduación del entrenamiento
fue algo simbólica porque tuviste la oportunidad
de ver a nuestro hermano Edwin quien al darte un abrazo
te dijo que estabas “loco”. Pero claro lo
dijo de cariño. Y lo bueno fue que ya no te regañaba
por haber ingresado en el ejército de los Estados
Unidos.
Pero aun la faceta de entrenamientos no terminada. Todavía
te faltaba el entrenamiento avanzado. En este caso de
infantería. Pero había un problema; Edwin
también fue asignado al mismo entrenamiento,
por lo tanto, en las viejas reglas militares, dos hermanos
no podían estar en ese mismo lugar.
Edwin comenzó su entrenamiento en la infantería
mientras a ti te tenían en espera a ver qué
ocupación militar te darían. Con tu poco
Ingles eran pocas las opciones. Finalmente te enviaron
a Fort Lee, Virginia en espera de que Edwin terminara
su entrenamiento de infantería.
Ah como recordamos Fort Lee. Cuando llegamos estaba
cubierto de nieve. Tú nunca habías visto
nieve en tu vida y recuerdo que saliste a jugar con
la nieve en camiseta y sin abrigo. Parecías un
niño con un nuevo juguete. Tienes suerte que
no te dio una pulmonía.
En Fort Lee te mandaron a una escuela militar donde
tuviste la oportunidad de aprender más Ingles
y una carrera militar en abastecimientos logísticos.
Yo se que era difícil para ti pero le echaste
muchas ganas. Ahí conociste a un sargento de
apellido Rullan. Y como el apellido Rullan no es común
el te busco. Resulta ser que este sargento Rullan era
pariente lejano de nuestro padre. Te trato bien y te
ayudo mucho militarmente mientras estabas en Fort Lee.
Yo se que tu se le agradeciste hasta el ultima día
que estuviste en esa base militar.
En el 1969, mientras estabas en Fort Lee te enteras
que nuestro hermano Edwin ha sido ordenado a servir
como infantería en la guerra de Vietnam. Los
dos nos pusimos muy tristes y preocupados. A ti te enviaron
a Fort Riley, Kansas en lo que tu hermano servía
en Vietnam. En esos tiempos dos hermanos no podían
estar en un área de combate al mismo tiempo.
Por lo tanto tú tenías que esperar tu
turno.
La vida en Kansas para ti no era agradable. Todos los
días pensabas en tu hermano y en su seguridad.
Seis meses después te inscribiste como voluntario
para la guerra de Vietnam. Qué locura! Edwin
aun estaba en Vietnam pero de una manera u otra el ejército
no verifico la información antes de darte las
órdenes para Vietnam. Recuerdo que te dieron
30 días de vacaciones a Puerto Rico antes de
reportarte a la base militar de Oakland, California
antes de emprender tu viaje a Vietnam.
Los 30 días en Puerto Rico fueron como una despedida
de todos, tal vez la final. Tal vez era la última
vez que veías a tus pocos familiares y pocos
amigos que te quedaban. Era como si estuvieras en un
conteo regresivo en donde los días pasados no
volverían y donde el futuro era incierto.
Yo te digo Roberto que yo tenía mucho miedo.
En primer lugar Edwin estaba ya en Vietnam y tú
ibas en camino. Todas las noches le pedía a Dios
por los dos. Era muy difícil para mí enfrentar
dicha realidad. Por Héctor no me preocupada porque
él no estaba en el ejército y sabia que
nunca lo haría. Dos de mis hermanos ya habían
respondido al llamado de la protección de nuestra
nación, incluyendo Puerto Rico.
Llego la hora cero y mi otro yo de apenas 17 años
de edad iba en camino hacia la guerra de Vietnam.
Te acuerdas del día que saliste de Puerto Rico
hacia la guerra de Vietnam? Era una mañana bajo
el candente sol de la isla del encanto; Puerto Rico.
Te despediste de todos y tomaste un avión de
Ponce a San Juan. En San Juan tuviste que esperar varias
horas para los vuelos que te llevarían hasta
la base militar de Oakland, California. Después
de cruzar los estados del sur al noroeste llegaste a
Oakland. Uff, recuerdo que el corazón me palpitaba
a las millas pero sin embargo tú estabas tranquilo
y confiado. Para ti era como una misión artística
donde tu presencia era necesaria. Te garantizo Roberto
que eso no era lo que yo pensaba.
Te digo lo que pensaba? A mi otro yo le patina la cabeza,
está loco o qué? Como es posible que una
persona tan joven pueda enlistarse de voluntario para
ir a pelear en una guerra que quien sabe por quién
están peleando. En mi mente eras un niño
que aun no había tenido la oportunidad de vivir
la juventud. Pero terco como el solo; su decisión
era la última. Ir a pelear a tierras lejanas
sabiendo que tal vez nunca volvería.
La base de Oakland era el lugar donde los soldados que
iban en camino a Vietnam eran procesados, se les entregaba
su uniforme de combate y pasaban por una serie de exámenes
médicos. Era “el ultimo adiós a
la patria” por si no regresaban.
La ropa civil que llevabas puesta, un pantalón
gris con una camisa azul y otras pertenencias fueron
empaquetados en Oakland y enviada a nuestros familiares
en Puerto Rico. Nadie supo nada de ti desde que llegaste
a Oakland. Todo era silencio hasta que los familiares
recibieron el paquete con la ropa que tenias puesta
cuando partiste de Puerto Rico. Fue escalofriante abrir
el paquete.
Pasaron semanas y no había noticias de ti. Yo
en lo personal estaba muy preocupado porque no había
ningún tipo de comunicación. Nadie decía
nada. Me preguntaba, estará mi hermano bien?
Pues claro soy tu otro yo y estaba muy preocupado.
VIETNAM
Noticias, finalmente recibimos una carta de Roberto!
Leí tu carta y era triste. En esa carta nos explicabas
las noches largas y tristes que pasaste en la base militar
de Oakland, las noches sin dormir y la preocupación
por lo que el futuro o el destino te traerá.
Hablabas de nuevos amigos que conociste pero que ellos
también estaban preocupados y llenos de incertidumbres
y que muchos te decían que a lo mejor no volverían
a ver a sus familiares y amigos otra vez. Decías
que habías llegado a una base militar en Vietnam
llamada CamRham. Decías que estabas en proceso
en el país, más exámenes médicos,
orientaciones militares y en la espera de saber en qué
lugar de Vietnam serias asignado.
Sonabas un poco alegre al mencionar que conociste varios
soldados puertorriqueños y que no te sentías
tan solo porque por lo menos tenías con quien
hablar en tu propio lenguaje. Hablabas de las altas
temperaturas, el calor, la humedad, la jungla y animales
que nunca habías visto. Hacías énfasis
de la distancia en millas desde Puerto Rico a Vietnam
y como añorabas tu isla, su gente, sus comidas
y la alegría que hace de Puerto Rico una patria
única.
Dijiste que sentías más miedo que nunca
cuando te entregaron tu equipo de combate y los uniformes
especiales para el clima de Vietnam. Decías que
sentías mucho miedo al escuchar las detonaciones
de las balas y cañones en la vecindad aunque
por ahora estabas en un área segura.
Se me salieron las lágrimas y no pude leer más
tu carta…..
Después supe que un puertorriqueño te
dijo en esa base que había conocido recientemente
a otro puertorriqueño de apellido Rullan quien
se encontraba en un hospital militar al sur de Vietnam.
Supe que le dijiste que tenias un hermano en Vietnam
y que la realidad del momento era en si tu propio hermano
quien se encontraba en camino hacia los Estados Unidos
por razones medicas. Sé que no tuviste la oportunidad
de verlo en Vietnam antes que partiera y sé que
para ti fue un golpe muy duro.
Edwin estaba lastimado pero medicamente bien.
Aun recuerdo más. Al terminar tu proceso de llegada
a Vietnam fuiste asignado a una compañía
de infantería. La misma compañía
donde estuvo tu hermano. Pero pocos días después
te enviaron a una compañía de aviación
en donde te convertiste en un operador de ametralladoras
desde el aire; conocido en Ingles como “door gunner”.
Recuerdo, y mirándote desde lejos, lo difícil
que fueron tus primeros días en una zona de combate.
Estabas al sur de Vietnam asignado a una unidad de ataques
de combates aéreos de helicópteros. Un
trabajo que nadie quisiera tener. Esta unidad se dedicaba
al apoyo aéreo de tropas en combate, especialmente
infantería. Se podía ver una caravana
aérea de helicópteros en el aire y sus
operadores de ametralladoras disparando sin cesar. La
seguridad humana en un helicóptero de combate
es poca, por lo tanto las maniobras de los pilotos,
entrenados para combate, aseguraban, por lo menos, la
protección de los tripulantes. Pero no era color
de rosas.
Te acuerdas de las misiones de combate de noche? El
enemigo disparaba en contra de los helicópteros
y lo único que podías apreciar eran las
detonaciones, como si estuvieras celebrando el Cuatro
de Julio, y el candente furor de las balas pasando solamente
a distancia de tu helicóptero. El cielo obscuro
brindaba una protección total mientras que durante
el día, eras vulnerable a todo.
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