El hacendado
mexicano Isidro Gutiérrez observaba molesto cómo
un inspector estadounidense hacía marcas en el
cuarto trasero de su novillo, indicando que no podía
ser importado porque se trataba de una raza vulnerable
a enfermedades.
Si las inspecciones del
ganado fuesen hechas del otro lado del río Bravo,
del lado mexicano de la frontera, el rechazo sería
apenas un inconveniente. Pero la violencia del narcotráfico
impide que los inspectores crucen la frontera, por lo
que las revisiones se hacen del lado estadounidense
y este tipo de situaciones generan grandes gastos. Gutiérrez
debe pagarle ahora a intermediarios en ambos países
y contratar un camión para que traiga de vuelta
el animal.
"Sería más
barato matarlo allí", expresó.
La violencia del narcotráfico
en las comunidades fronterizas está afectando
a hacendados y ganaderos, generando inseguridad, perjudicando
la que podría ser la mejor cosecha en años
y aumentando el peligro de que los cultivos se pudran
en los campos.
Ganaderos como Gutiérrez
tienen problemas para hacer llegar sus animales a los
mercados. Agricultores acostumbrados a trabajar desde
antes del amanecer hasta que cae la noche temen ahora
estar en los campos en la oscuridad. Algunos son incluso
obligados a pagar por protección, para no ser
secuestrados y que no les roben sus cosechas.
"Hay miles de productores
que trabajan todo el año para recoger el fruto
de su esfuerzo, que es el único ingreso que tienen
en todo el año. Hay que impedir las extorsiones",
expresó Eugenio Hernández Flores, gobernador
de Tamaulipas, estado mexicano fronterizo que incluye
Nuevo Laredo, ciudad hermana de Laredo.
A fines del 2007, los
militares mexicanos ingresaron a centros urbanos de
la región oriental de la frontera, por donde
los traficantes contrabandean drogas a Estados Unidos
usando rutas que pasan cerca de Tamaulipas.
La presencia militar
empujó a los traficantes a zonas ganaderas y
agrícolas. La violencia se intensificó
en febrero al estallar una guerra entre dos facciones
de un cartel.
"Uno termina enfrentado
con los traficantes", comentó un ganadero
que pidió no ser identificado por temor a represalias.
"En Tamaulipas los ganaderos y agricultores nos
sentimos inseguros. No sabemos si mañana podremos
seguir trabajando o si podremos regresar a casa".
Por el estado de Tamaulipas
pasan buena parte de los productos que México
exporta a Estados Unidos, a través de los cruces
de Matamoros, Reynosa y Nuevo Laredo. El principal cultivo
de la región es sorgo, un grano usado mayormente
para alimentar animales. También se cultiva maíz,
algodón y quingombó.
La violencia del narcotráfico
obligó a cerrar durante seis semanas las estaciones
de inspección de Reynosa y Nuevo Larezo recientemente.
Los ganaderos tuvieron que llevar sus animales 160 kilómetros
(100 millas) al noroeste. Los puestos de inspección
reabrieron en mayo en sitios temporales en Estados Unidos.
Karla Regina Baeza, importadora
que tiene a Gutiérrez entre sus clientes, dijo
que casi se va a la quiebra cuando se suspendió
el ingreso de animales a través de Laredo. Desde
que se restableció, recuperó solo una
parte de sus clientes.
Acostumbraba a traer
al país entre 15 y 20 camiones con ganado por
semana, en un lapso de cuatro semanas entre mayo y junio
no trajo ninguno. Tuvo que despedir personal y reducir
las horas de trabajo de los que retuvo. Integró
una delegación mexicana que fue a Washington
en junio para pedirle a las autoridades que designasen
un inspector permanente y reanudasen las inspecciones
en México.
No solo los animales
rechazados deben volver a México, sino que los
que son aceptados pierden peso, según Baeza.
El sitio provisional de inspecciones en Laredo no cuenta
con agua ni alimentos. El ganado pasa horas allí
y baja de peso, algo grave en un negocio en el que los
precios dependen precisamente del peso del animal.
De este modo, se reduce
el margen de ganancias del ganadero, que de por sí
es magro.
En otros sectores de
Tamaulipas, los agricultores no saben si podrán
sacarle el mayor provecho a la mejor cosecha de sorgo
en años.
Debido a la violencia,
no se puede enviar gente a las plantaciones en la oscuridad.
Para colmo, el huracán Alex dejó caer
mucha agua en partes del estado.
"Creo que vamos
a poder recoger la mitad de la cosecha", expresó
un prominente hacendado que pidió no ser identificado
por razones de seguridad. "Esta gente no nos deja
operar como tenemos que hacerlo y encima pasa esto (el
huracán)".
Ahí no se acaba
todo. Los operadores de las grandes maquinarias empleadas
en la cosecha desisten de trabajar por miedo a ser atacados
o a que les roben su costoso equipo.
Los delincuentes, por
su parte, siguen ganando dinero. Algunos hacendados
pagan por recibir protección y para que no les
secuestren a sus empleados. Una mujer que exporta la
planta medicinal aloe vera dice que su padre paga para
que le dejen seguir funcionando.
"Todo el mundo lo
hace", afirmó en una entrevista en una fábrica
de McAllen, Texas. También ella pidió
no ser identificada por razones de seguridad.
En algunas regiones a
los hacendados les cuesta encontrar camioneros que transporten
sus productos porque a ellos también se les exige
dinero para completar un trayecto sin ser robados. Un
camionero entrevistado en McAllen dijo que la tarifa
por productos perecederos como pescado es más
alta.
Algunos hacendados instalan
a sus familias del lado estadounidense del río
Bravo para que no corran riesgos. Pero el temor es tal
que muchos consideran irse y dejar haciendas que sus
familias han operado por generaciones.
"Pero, ¿a
quién le vendes tu propiedad?", preguntó
un hacendado que vive en Estados Unidos.
El mes pasado, José
Mario Guajardo, propietario de un negocio de insumos
de agricultura de la localidad fronteriza de Valle Hermoso,
fue asesinado a tiros junto con su hijo y un empleado.
Guajardo se había postulado a alcalde y, según
allegados, había recibido amenazas.
Las autoridades han aumentado
la cantidad de agentes que patrullan el área
durante la época de cosechas.
C. Parr Rosson, economista
de la Texas A&M University, dice que si la violencia
continúa, "mucha gente podría buscar
otras cosas que hacer en los próximos dos o tres
años", en zonas más tranquilas. |