Las solicitudes han subido casi un 50%
desde hace más de una década a medida
que las personas con discapacidad pierden su empleo
y no pueden encontrar otro en una economía que
ha perdido casi siete millones de puestos de trabajo.
La estampida en busca de ayuda se suma
a una creciente cantidad de solicitantes —muchos
de los cuales esperan dos años o más antes
de que sean resueltos sus casos— y está
empeorando los problemas financieros de un programa
que ha estado funcionando en números rojos desde
hace años.
Los nuevos cálculos del Congreso
dicen que el fondo fiduciario que respalda las prestaciones
por discapacidad de la Seguridad Social se quedará
sin dinero para 2017, dejando al programa incapaz de
pagar prestaciones, a menos que el Congreso tome cartas
en el asunto.
Se proyecta que en unas dos décadas
más también se agotarán los fondos
de jubilación de la Seguridad Social norteamericana,
que son mucho más grandes.
La mayor parte de la atención
de Washington se ha enfocado en arreglar el sistema
de jubilación de la Seguridad Social. Las propuestas
han ido desde elevar la edad de retiro a la comprobación
de solvencia económica para los jubilados ricos
que reciben beneficios, pero el sistema de apoyo a incapacitados
está en un estado mucho peor y no parece haber
soluciones fáciles.
Los fideicomisarios que supervisan la
Seguridad Social están exhortando al Congreso
a que refuerce el sistema de apoyo a incapacitados mediante
la reasignación de fondos del programa de jubilación,
al igual que hicieron los legisladores en 1994. Eso,
sin embargo, sólo proporcionaría un alivio
a corto plazo, a costa de debilitar el programa de jubilación.
Las solicitudes de prestaciones por
discapacidad aumentan durante los malos tiempos económicos
porque muchas personas con ese problema son despedidas
y no pueden hallar otro empleo.
Se espera que este año alrededor
de 3,3 millones de estadounidenses soliciten apoyo federal
por discapacidad. La cifra es 700.000 mayor que en 2008
y un millón más que hace una década.