Las autoridades
correccionales de Virginia se preparaban para su primera
ejecución de una mujer en casi un siglo en medio
de reclamos de la Unión Europea y repercusiones
que alcanzaron hasta Irán.
Teresa Lewis, de 41 años,
debía morir por inyección letal a las
21 (0100 GMT del viernes) en el Centro Correccional
Greensville en Jarratt por haber contratado a los asesinos
de su marido y su hijastro en octubre del 2002. Para
contratarlos apeló a sexo, dinero y la promesa
de parte de los beneficios del seguro que acarrearían
las muertes.
La Corte Suprema y el
gobernador Bob McDonnell se negaron a intervenir. Todas
sus apelaciones legales se han agotado, dijo su defensor.
En un estado con la segunda
cámara de ejecuciones más activa en Estados
Unidos, la ejecución de Lewis ha suscitado gran
atención debido a su sexo, las versiones de que
carecía de inteligencia como para orquestar las
muertes y las evidencias surgidas después de
su condena de que uno de los verdugos la manipuló.
En una carta dirigida
este mes a McDonnell, la Unión Europea pidió
al gobernador que conmutase la sentencia a cadena perpetua
aduciendo la capacidad mental de la condenada. Según
sus abogados, los exámenes indican que Lewis
tiene capacidad mental fronteriza.
El embajador de la UE
en Estados Unidos escribió que la unión
"considera que la ejecución de personas
con trastornos mentales de todo tipo contradice las
normas mínimas de los derechos humanos".
Esta semana, el presidente
iraní Mahmoud Ahmadinejad acusó a la prensa
occidental de emplear una vara de doble medida. Comparó
la cobertura del caso de Lewis a la campaña de
"propaganda" en el caso de una mujer iraní
que fue sentenciada a muerte por lapidación por
adulterio.
"Mientras tanto
nadie objeta el caso de una estadounidense que va a
ser ejecutada", dijo en un discurso el lunes a
clérigos islámicos y otras personalidades
en Nueva York, según se informó. |