Noticia Actualizada: 08-Oct-2010 7:38 AM (Hora de California)
Adolescentes dicen que encubrieron ataque a mexicano

Luego de golpear y patear a un inmigrante ilegal mexicano y darlo por muerto en la calle, un grupo de jóvenes blancos de un pequeño pueblo minero de Pensilvania sabían que estaban en graves problemas.

Así que, de acuerdo con testigos, decidieron inventar una historia para encubrir el ataque: no habían tomado bebidas alcohólicas, no expresaron insultos raciales y, sobre todo, Brandon Piekarsky no pateó a Luis Ramírez en la cabeza cuando éste yacía inconsciente en la calle.

En el juicio federal a Piekarsky y otro acusado, los testigos describieron el jueves un complot que los fiscales argumentan estaba diseñado para minimizar el involucramiento de los adolescentes en el mortal ataque en Shenandoah, un pueblo dividido por las tensiones étnicas entre blancos y la creciente población hispana.

Piekarsky, actualmente de 18 años, y Derrick Donchak, ahora de 20, están acusados del delito federal de intolerancia por el ataque. Los fiscales acusan a Piekarsky de haber pateado a Ramírez en la cabeza, mientras que Donchak está acusado de conspirar con la policía de Shenandoah para obstruir una investigación del FBI.

"Ibamos a decir que nadie lo pateó, que no estábamos tomando y que no hubo insultos raciales", declaró Ben Lawson, un ex jugador de fútbol estadounidense que presenció el ataque y que después, según dijo, mintió a la policía al respecto.

La pelea comenzó la noche del 12 de julio del 2008, cuando media docena de adolescentes con alcohol en la sangre, todos habitantes de Shenandoah y miembros del equipo de fútbol estadounidense en la secundaria Shenandoah Valley, se dirigían a sus casas luego de estar en una fiesta y se encontraron a Ramírez y a su novia de 15 años.

Brian Scully, quien ya se declaró culpable en la corte juvenil de asalto agravado, intimidación étnica y otras ofensas por su papel en el ataque, le preguntó a la joven: "¿No es un poco tarde para que estés afuera?"

Ramírez se molestó y comenzó a gritar en español y a marcar números telefónicos en su celular.

"No le entendí", dijo Scully. "Por eso no me gustó".

Scully admitió haber gritado insultos raciales. Pronto, la riña verbal pasó a los golpes entre Ramírez y Piekarsky, y luego entre Ramírez y Donchak.

Cuando la pelea terminó, Scully testificó que le dijo a Ramírez: "¡Vete a casa, (palabra altisonante) mexicano!"

Agregó que se alejaba caminando cuando Ramírez le saltó encima y comenzó a golpearlo. Otro joven, Colin Walsh, quien se ha declarado culpable de cargos federales en su contra, noqueó a Ramírez con un golpe y, al caer, éste se pegó en la cabeza con el pavimento.

Scully dijo que trató de patear a Ramírez en la cabeza pero que perdió el equilibrio y le dio en el hombro. Entonces Piekarsky pateó la cabeza del mexicano, agregó.

"Comenzó a convulsionarse y todos salimos corriendo", dijo Scully.

Eileen Burke llamó al servicio de emergencias cuando escuchó la conmoción afuera de su casa. Declaró que vio a Ramírez convulsionarse y con espuma saliendo de su boca mientras sus agresores huían. Dijo que Piekarsky le gritó a Arielle García —una amiga blanca de Ramírez que había llegado al lugar_: "¡Dile a tus (palabra altisonante) amigos mexicanos que se larguen de Shenandoah o van a terminar tirados en el (palabra altisonante) piso junto a él!"

Lawson, quien desde entonces se unió a la Marina, también declaró que Piekarsky pateó a Ramírez en la cabeza. La defensa acusa a Scully de ser el autor de la patada.

Después de la riña, los adolescentes se reunieron e idearon una historia para encubrir el ataque, de acuerdo con el testimonio.

Los acusados también restaron importancia a sus actos y bromearon sobre tatuarse un nombre mexicano en el trasero, dijo Barry Boyer, otro compañero de clase.

Un jurado formado por personas de raza blanca exoneró el año pasado a los acusados de cargos estatales graves, como asesinato en tercer grado e intimidación étnica. Fueron declarados culpables de agresión simple.

El veredicto molestó a grupos defensores de los derechos civiles y al gobernador Ed Rendell, quien solicitó una investigación del Departamento de Justicia.

Bajo interrogatorio de la defensa, Lawson y otros declararon el jueves que ninguno de los acusados había planeado atacar a un hispano.

 
 
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