Luego
de golpear y patear a un inmigrante ilegal mexicano
y darlo por muerto en la calle, un grupo de jóvenes
blancos de un pequeño pueblo minero de Pensilvania
sabían que estaban en graves problemas.
Así que, de acuerdo
con testigos, decidieron inventar una historia para
encubrir el ataque: no habían tomado bebidas
alcohólicas, no expresaron insultos raciales
y, sobre todo, Brandon Piekarsky no pateó a Luis
Ramírez en la cabeza cuando éste yacía
inconsciente en la calle.
En el juicio federal
a Piekarsky y otro acusado, los testigos describieron
el jueves un complot que los fiscales argumentan estaba
diseñado para minimizar el involucramiento de
los adolescentes en el mortal ataque en Shenandoah,
un pueblo dividido por las tensiones étnicas
entre blancos y la creciente población hispana.
Piekarsky, actualmente
de 18 años, y Derrick Donchak, ahora de 20, están
acusados del delito federal de intolerancia por el ataque.
Los fiscales acusan a Piekarsky de haber pateado a Ramírez
en la cabeza, mientras que Donchak está acusado
de conspirar con la policía de Shenandoah para
obstruir una investigación del FBI.
"Ibamos a decir
que nadie lo pateó, que no estábamos tomando
y que no hubo insultos raciales", declaró
Ben Lawson, un ex jugador de fútbol estadounidense
que presenció el ataque y que después,
según dijo, mintió a la policía
al respecto.
La pelea comenzó
la noche del 12 de julio del 2008, cuando media docena
de adolescentes con alcohol en la sangre, todos habitantes
de Shenandoah y miembros del equipo de fútbol
estadounidense en la secundaria Shenandoah Valley, se
dirigían a sus casas luego de estar en una fiesta
y se encontraron a Ramírez y a su novia de 15
años.
Brian Scully, quien ya
se declaró culpable en la corte juvenil de asalto
agravado, intimidación étnica y otras
ofensas por su papel en el ataque, le preguntó
a la joven: "¿No es un poco tarde para que
estés afuera?"
Ramírez se molestó
y comenzó a gritar en español y a marcar
números telefónicos en su celular.
"No le entendí",
dijo Scully. "Por eso no me gustó".
Scully admitió
haber gritado insultos raciales. Pronto, la riña
verbal pasó a los golpes entre Ramírez
y Piekarsky, y luego entre Ramírez y Donchak.
Cuando la pelea terminó,
Scully testificó que le dijo a Ramírez:
"¡Vete a casa, (palabra altisonante) mexicano!"
Agregó que se
alejaba caminando cuando Ramírez le saltó
encima y comenzó a golpearlo. Otro joven, Colin
Walsh, quien se ha declarado culpable de cargos federales
en su contra, noqueó a Ramírez con un
golpe y, al caer, éste se pegó en la cabeza
con el pavimento.
Scully dijo que trató
de patear a Ramírez en la cabeza pero que perdió
el equilibrio y le dio en el hombro. Entonces Piekarsky
pateó la cabeza del mexicano, agregó.
"Comenzó
a convulsionarse y todos salimos corriendo", dijo
Scully.
Eileen Burke llamó
al servicio de emergencias cuando escuchó la
conmoción afuera de su casa. Declaró que
vio a Ramírez convulsionarse y con espuma saliendo
de su boca mientras sus agresores huían. Dijo
que Piekarsky le gritó a Arielle García
—una amiga blanca de Ramírez que había
llegado al lugar_: "¡Dile a tus (palabra
altisonante) amigos mexicanos que se larguen de Shenandoah
o van a terminar tirados en el (palabra altisonante)
piso junto a él!"
Lawson, quien desde entonces
se unió a la Marina, también declaró
que Piekarsky pateó a Ramírez en la cabeza.
La defensa acusa a Scully de ser el autor de la patada.
Después de la
riña, los adolescentes se reunieron e idearon
una historia para encubrir el ataque, de acuerdo con
el testimonio.
Los acusados también
restaron importancia a sus actos y bromearon sobre tatuarse
un nombre mexicano en el trasero, dijo Barry Boyer,
otro compañero de clase.
Un jurado formado por
personas de raza blanca exoneró el año
pasado a los acusados de cargos estatales graves, como
asesinato en tercer grado e intimidación étnica.
Fueron declarados culpables de agresión simple.
El veredicto molestó
a grupos defensores de los derechos civiles y al gobernador
Ed Rendell, quien solicitó una investigación
del Departamento de Justicia.
Bajo interrogatorio de
la defensa, Lawson y otros declararon el jueves que
ninguno de los acusados había planeado atacar
a un hispano. |