La depresión
es una enfermedad mental que consiste en un trastorno
del estado de ánimo. Su síntoma habitual
es un estado de abatimiento e infelicidad que puede
ser transitorio o permanente.
Hay indicios que apuntan
a que se trate, también, de un trastorno cerebral,
y que la principal zona del cerebro responsable del
mismo se halle en una diminuta región de la corteza
prefrontal, el área 25.2
El término médico hace referencia a un
síndrome o conjunto de síntomas que afectan
principalmente a la esfera afectiva: la tristeza patológica,
el decaimiento, la irritabilidad o un trastorno del
humor que puede disminuir el rendimiento en el trabajo
o limitar la actividad vital habitual, independientemente
de que su causa sea conocida o desconocida. Aunque ése
es el núcleo principal de síntomas, la
depresión también puede expresarse a través
de afecciones de tipo cognitivo, volitivo o incluso
somático.
En la mayor parte de
los casos, el diagnóstico es clínico,
aunque debe diferenciarse de cuadros de expresión
parecida, como los trastornos de ansiedad. La persona
aquejada de depresión puede no vivenciar tristeza,
sino pérdida de interés e incapacidad
para disfrutar las actividades lúdicas habituales,
así como una vivencia poco motivadora y más
lenta del transcurso del tiempo.
Su origen es multifactorial,
aunque hay que destacar factores desencadenantes tales
como el estrés y sentimientos (derivados de una
decepción sentimental, la contemplación
o vivencia de un accidente, asesinato o tragedia, el
trastorno por malas noticias, pena, y el haber atravesado
una experiencia cercana a la muerte).
También hay otros
orígenes, como una elaboración inadecuada
del duelo (por la muerte de un ser querido) o incluso
el consumo de determinadas sustancias (abuso de alcohol
o de otras sustancias tóxicas) y factores de
predisposición como la genética o un condicionamiento
educativo. La depresión puede tener importantes
consecuencias sociales y personales, desde la incapacidad
laboral hasta el suicidio.
Las diferentes escuelas
psiquiátricas han propuesto varios tratamientos
para la depresión: la biopsiquiatría,
a través de un enfoque farmacológico,
avalado por los éxitos de las últimas
generaciones de antidepresivos (abanderados por la fluoxetina,
la "píldora de la felicidad" del siglo
XX), la escuela psicoanalítica a través
de procedimientos psicodinámicos, o la terapia
cognitivo-conductual, a través de propuestas
conductuales y cognitivas.
El término en psicología de conducta (ver
terapia de conducta o modificación de conducta)
hace referencia a la descripción de una situación
individual mediante síntomas. La diferencia radica
en que la suma de estos síntomas no implica en
este caso un síndrome, sino conductas aisladas
que pudieran si acaso establecer relaciones entre sí
(pero no cualidades emergentes e independientes a estas
respuestas).
Así, la depresión
no sería causa de la tristeza ni del suicidio,
sino una mera descripción de la situación
del sujeto. Pudiera acaso establecerse una relación
con el suicidio en un sentido estadístico, pero
tan sólo como una relación entre conductas
(la del suicidio y las que compongan el cuadro clínico
de la depresión).
Es decir, en este sentido
la depresión tiene una explicación basada
en el ambiente o contexto, como un aprendizaje desadaptativo. |