Apenas
minutos después del asombroso rescate de 33 mineros
que habían quedado atrapados en una mina en Chile,
el presidente Sebastián Piñera los abrazó
y los recibió con el sentido del humor característico
de su país.
Elogiando el trabajo
de los equipos de rescate, el mandatario bromeó
diciendo que quisiera que fueran ellos "quienes
nos rescataran en el día del Juicio Final".
El chiste arrancó carcajadas de los rescatistas
exhaustos, quienes acababan de cumplir una proeza nunca
antes intentada.
Para alguien de afuera,
podría éste parecer extraño momento
de hacer bromas. Pero los chilenos, para quienes el
sentido del humor es parte de la identidad nacional,
no lo vieron extraño en lo absoluto.
Y así fue el ambiente
durante toda la crisis, desatada el 5 de agosto cuando
se derrumbó un sector de la mina. Desde altos
funcionarios del gobierno hasta los familiares de los
mineros, las bromas fueron una constante incluso en
los oscuros momentos en que se pensó que todo
estaba perdido.
Muchos de los chistes
hacían juego con la palabra "mina",
que en esa región quiere decir también
"chica".
"Sin duda, estos
hombres nunca han pasado tanto tiempo con una mina",
bromeó un locutor de una radio en Copiapó,
el poblado más cerca de la mina. Otro locutor
inmediatamente replicó: "O tanto tiempo
bajo una mina".
El sentido del humor
es algo intrínseco para los chilenos, coincidieron
expertos.
"Todo chileno tiene
por dentro a un Jay Leno o un David Letterman",
expresó Patricio Navia, profesor de la Universidad
de Nueva York quien es a su vez nacional del país
más largo del mundo, detalle que suele ser convertido
en chistes sobre el órgano sexual masculino.
"Todo chileno podría
tener su propio programa de televisión",
añadió.
Como ocurre con cualquier
país, el sentido del humor de Chile es producto
de su herencia cultural: un país colonizado por
españoles del sur de España, región
célebre por su afinidad dramática, y luego
hogar de inmigrantes británicos y alemanes conocidos
más bien por su sentido del humor seco y reflexivo.
Si a eso le agregamos los grupos indígenas que
sobrevivieron a pesar del aislamiento y la colonización
— Chile está encrustado entre el océano
Pacífico y los Andes — tenemos un profundo
sentido de solidaridad que conlleva una constante necesidad
de encarar las amarguras con la risa.
"Si hubiese sido
necesario conseguir gente para halar a los mineros hacia
fuera, todos los 16 millones de chilenos hubieran ido
allá a halar", declaró Mario Kreutzberger,
alias "Don Francisco". "Esa solidaridad
es parte del sentido del humor de los chilenos".
En épocas de crisis,
el humor es un rayo de esperanza, una manera de ahuyentar
el llanto y de aceptar la ironía, el sarcasmo
y las insinuaciones como parte del vaivén de
la vida.
A comienzos de septiembre,
el gobierno chileno invitó a expertos de la NASA
para ayudar a diseñar el rescate. El ministro
de Salud Jaime Manalich dijo en ese entonces a periodistas
que los visitantes de la NASA se habían reunido
con miembros del programa espacial chileno.
Tras una pausa para evaluar
la reacción del público, el ministro aseveró:
"Chile tiene un programa del espacio, y no es menor."
La habitación
estalló en carcajadas, y el incidente alivió
la tensión de un momento sombrío.
Los familiares de los
mineros, que vivieron meses de angustia sin saber si
volverían a ver a sus seres queridos, también
encontraron la manera de reír a pesar de estar
viviendo en carpas en las áridas planicies chilenas.
María Segovia,
hermana del minero Darío Segovia, era una de
las más jocosas. Solía esgrimir un palo
de metal y fingir un "striptease" haciendo
muecas eróticas, o corría con una enorme
bandera chilena gritando como si Chile había
ganado el Mundial. Su inagotable energía levantaba
el ánimo de todos.
"Hay que reir, hay
tanto que está fuera de nuestro control",
comentó a principios de septiembre.
Los mineros también
encararon su dificultad con sentido del humor. En varios
videos se les veía riendo o haciendo señales
con las manos detrás de la cabeza de otros. Manalich,
el ministro de Salud, dijo que los hombres compartían
chistes groseros con sus familias mediante cartas enviadas
en pequeños tubos. Algunos eran tan pasados de
tono que Manalich se negó a divulgarlos.
Uno de los eventos que
más generó chistes fue la visita de los
sobrevivientes de la caída de un avión
en 1972 en los Andes, algunos de los cuales tuvieron
que comerse los restos de compañeros fallecidos.
Corrieron por toda la
internet los chistes sobre los sobrevivientes de aquella
espeluznante odisea, que ahora visitaban a un grupo
de mineros atrapados con escaso alimento. Uno de los
chistes más punzantes mencionaba un supuesto
mensaje de los mineros: "Nos comimos al boliviano",
en referencia al único minero boliviano que se
hallaba entre ellos.
"Dentro de una semana
seguro habrá miles de chistes sobre los mineros",
dijo Kreutzberger. "Van a tomar chistes viejos
y los adaptarán la crisis de los mineros".
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