En un pequeño estudio realizado
en Francia, la gran mayoría de los pacientes
que recibieron un hígado sin esperar seis meses
dejaron de beber tras la intervención y se mantenían
sobrios años después.
El estudio analizó los casos
de pacientes que sufrían de una hepatitis derivada
de la bebida tan severa que probablemente no hubieran
sobrevivido de haber tenido que esperar seis meses.
Las conclusiones, que difunde el jueves
la publicación The New England Journal of Medicine,
podrían elevar la demanda de hígados frente
a una oferta escasa y reactivar un debate ríspido
en torno a si deben concederse los trasplantes a personas
alcohólicas.
La controversia alcanzó su punto
máximo en la década de 1990 cuando recibieron
trasplantes de hígado celebridades con problemas
de bebida como Larry Hagman, David Crosby y Mickey Mantle.
En uno de los casos más recientes,
el astro británico de fútbol George Best
recibió otro hígado en 2002, reincidió
en el trago y falleció tres años después.
Las bebidas espirituosas pueden causar
enfermedades mortales que destruyen el hígado
como la cirrosis y la hepatitis.
En Estados Unidos, casi uno de cada
cinco trasplantes de hígado corresponden a grandes
bebedores o individuos que dejaron ese hábito.
Los hospitales que practican trasplantes
obligan de manera ordinaria a los pacientes en espera
de otro hígado a una abstinencia de alcohol durante
seis meses.
Con esta medida se busca que los pacientes
garanticen a los médicos que se mantendrán
en el redil de los abstemios tras la operación.
Los bebedores que tienen hepatitis severa
constituyen una pequeña porción de los
pacientes que necesitan trasplantes.
De acuerdo con el estudio francés,
apenas aumentaría 3% la demanda de hígados
si se anulara la regla de que los pacientes se mantengan
abstemios seis meses.
El principal autor del estudio, el doctor
Philippe Mathurin, del Hospital Huriez en Lille, Francia,
dijo que para los pacientes alcohólicos podría
ser injusta la aplicación estricta de la regla
de la abstinencia de seis meses.
Lo pacientes bebedores tienen tanto
derecho a recibir un trasplante de hígado como
cualquiera de los demás pacientes, en muchos
de los cuales su problema resultó de obesidad
o malos hábitos como consumo de drogas.
Mathurin dijo que favorece el mantenimiento
de la regla para otros alcohólicos con problemas
hepáticos debido a que —subrayó—
en algunos, con solo mantenerse sobrios, sus hígados
recuperan las funciones.
El doctor Robert S. Brown hijo, director
de trasplantes del Hospital Presbyterian de Nueva York/Centro
Médico de la Universidad de Columbia, coincidió
en que llegó la era de hacer una revaluación
de la regla de los seis meses.
"El desafío de este documento
es buscar alternativas mejores, tanto para el tratamiento
del alcoholismo como enfermedad así como para
el pronóstico de la eficacia del trasplante",
dijo.
Mathurin reconoció que tal cambio
podría aumentar el número de pacientes
en la lista de espera para recibir un órgano
y señaló: "Implica que debemos incrementar
el número de donantes".
En Estados Unidos se efectuaron en 2010
casi 6.300 trasplantes de hígado, no obstante
más de 1.400 estadounidenses murieron en la espera,
según la organización United Network for
Organ Sharing (Red Unida para Compartir Organos).
Agregar más gente a la lista
podría redundar en esperas mayores y en un número
mayor de muertes entre no bebedores.
La maestra de preescolar Jane Sussman,
de 59 años, ha esperado más de un año
para recibir un hígado.
Los médicos no tienen la certeza
de cuál es la causa de su problema hepático,
pero no fue el alcohol y jamás ha sido bebedora.
Sussman no desea que la lista se agrande con la inclusión
de alcohólicos.
"¿Quién tiene la
seguridad de que no reincidieran de inmediato a la bebida?",
preguntó Sussman.
El órgano de un donante enfermo
es el "obsequio más maravilloso que se puede
recibir en la vida. Si no se le trata correctamente
es un obsequio tirado a la basura que pudo servir a
alguien más, como yo".
El estudio francés abarcó
26 alcohólicos con hepatitis severa y que no
mejoraron con tratamiento de fármacos.
Estos pacientes fueron seleccionados
cuidadosamente: Entre otros aspectos, todos tenían
el apoyo de su familia o amigos.
Los pacientes se comprometieron a abandonar
la bebida y recibieron los trasplantes. Estos fueron
comparados con un grupo de pacientes que tenían
enfermedades hepáticas similares y a los que
no se les ofreció la alternativa del trasplante.
Fue obvio que mejoraron los que recibieron
los trasplantes: 77% continuaban vivos seis meses después,
en comparación con 23% de los que no recibieron
otro hígado.
Asimismo, reincidió en el trago
un número menor al previsto: Sólo tres
de los pacientes que recibieron trasplantes volvieron
a la bebida dos o tres años después, una
tasa mucho menor a la de 30% que se calcula corresponde
en general a los pacientes alcohólicos que acataron
la regla de no beber durante seis meses.
El doctor Christopher Hughes, director
de trasplantes de hígado en el Centro Médico
de la Universidad de Pittsburgh, expresó preocupación
de que el conjunto de posibles donadores de órganos
se reduzca si el público cree que los órganos
irán a parar a cuerpos de bebedores activos.
"Creo que éste es un tema
muy controversial. No creo que esta situación
tenga bastante apoyo", manifestó Hughes.