Luis Guerra
juró que no tenía nada que ver con ningún
asesinato, que quien lo haya señalado como responsable
se equivocó. No obstante, fue encerrado en la
cárcel de Rikers Island durante más de
un año antes de que se retiraran los cargos.
La cosa no terminó
allí. Funcionarios federales de inmigración
intervinieron debido a que Guerra estaba en el país
ilegalmente, traído desde México cuando
era niño. Terminó en un centro federal
de detención de inmigración en Texas antes
de permitírsele regresar a Manhattan; ahora está
esperando para saber si será enviado a una nación
en la que no ha estado desde que tenía 9 años.
Simplemente por haber
estado en Rikers se colocó en el radar de la
oficina federal de Inmigración y Control de Aduanas
(ICE por sus siglas en inglés), comentó
Guerra, de 21 años, quien está tratando
de obtener un título universitario mientras espera
saber sobre su futuro. Las autoridades de la ciudad
"cometieron un error, y ahora estoy pagando por
su equivocación", señaló.
"Yo tenía una vida normal antes", lamentó.
Remover a inmigrantes
ilegales que entraron en contacto con el sistema judicial
es una parte significativa de los esfuerzos del ICE
a nivel nacional, pero necesita la cooperación
de las agencias judiciales locales para poderlo realizar.
Las relaciones que lo hacen funcionar están causando
preocupaciones no sólo en Nueva York, sino también
en lugares como el condado de Arlington, en Virginia;
en Washington, D.C.; el condado de Santa Clara, en California;
y en San Francisco.
Defensores de los derechos
de los inmigrantes y algunos políticos encuentran
perturbador que agentes locales cooperen con el ICE
en la identificación de inmigrantes ilegales.
Ello obliga a Nueva York, una ciudad que debe su existencia
a los inmigrantes, a involucrarse en la tendencia nacional
de deportaciones e inhibe a los inmigrantes de tener
contacto con las autoridades, incluso para reportar
crímenes.
"Realmente no es
una buena idea tener a grandes segmentos de la comunidad
temiendo a las autoridades judiciales", dijo Nancy
Morawetz, profesora de la Escuela de Derecho de la Universidad
de Nueva York, y parte de su Clínica de Derechos
del Inmigrante.
Guerra, testificando
sobre el asunto el miércoles en una audiencia
del Concejo Municipal, dijo que vio eso de primera mano
después de su arresto en el 2007 por un cargo
de homicidio en segundo grado.
"Hubo gente que
vio el asesinato, gente que pudo haber aclarado mi situación",
señaló, "pero tuvieron miedo de ir
a la policía después de que se enteraron
de lo que me estaba ocurriendo con inmigración",
agregó.
El ICE ha tenido presencia
en el principal complejo carcelero de Nueva York desde
hace al menos 15 años. El Departamento de Correccionales
de la ciudad dice que las regulaciones federales le
exigen acatar las órdenes de detención
para el ICE.
En el año fiscal
2010, 3.155 de 13.386 reos extranjeros tenían
orden de detención del ICE, y 2.552 de ellos
fueron entregados directamente a la custodia federal
cuando fueron liberados de Rikers, señaló
el departamento. A nivel nacional, aproximadamente la
mitad de las casi 393.000 personas retiradas del país
en el último año eran criminales, según
estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional.
"Nuestra principal
prioridad es identificar y retirar a delincuentes extranjeros
condenados que representen una amenaza a la comunidad
y a la seguridad nacional", dijo Iván Ortiz
Delgado, vocero del ICE.
Inmigración y
Control de Aduanas dice que la ciudad está obligada
a detener a cualquiera a quien la agencia haya colocado
una orden de detención, y Sharman Stein, portavoz
del Departamento de Correccionales, hizo eco de ello.
En todo caso, el ICE
debería estar llevando a más gente al
sistema de detención y deportación, dijo
Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro para Estudios
de Inmigración, el cual apoya controles más
estrictos a la inmigración.
Argumentó que
cada inmigrante ilegal es deportable en cualquier momento,
y que como están las cosas, el ICE actúa
del modo que considera más adecuado en términos
de a quién detiene. Los temores una redada masiva
son exagerados, opinó.
"Estaría
eufórico si este programa funcionara como temen
que funcione los grupos defensores de derechos de inmigrantes",
añadió.
La agencia federal es
atacada frecuentemente por sus prácticas, con
críticos citando asuntos como la transferencia
de detenidos a lugares alejados de familiares y amigos,
y a gente en el sistema que tiene acceso limitado a
recursos jurídicos que podrían permitirles
permanecer en el país.
La ciudad está
secundando eso al no tener mayor cuidado en a quien
entrega al ICE, señalan los críticos.
Una cosa es entregar a gente condenada por delitos violentos,
indican; y otra es entregar a alguien condenado por
un delito menor o por nada en absoluto.
Aquí estaría
incluido el caso de José Reyes, un residente
legal de la República Dominicana. Tras ser arrestado
en mayo del 2009 después de una discusión
con el nuevo novio de su ex novia, se le puso una orden
de detención de inmigración debido a un
arresto por un cargo menor relacionado con drogas de
1997. Pudo evitar la deportación después
de que el caso fue reabierto y el cargo reducido a alteración
del orden.
"Dicen que están
tratando de arrestar sólo a criminales",
comentó Reyes en la audiencia del miércoles
a través de un traductor. "No es justo que
personas que tienen únicamente estas pequeñas
condenas sean deportadas", enfatizó.
A los críticos
también les preocupa lo que depara el futuro
en momentos en que el programa Comunidades Seguras -un
esfuerzo contra la inmigración más extensivo
que aún no se ha implementado en la ciudad de
Nueva York— continúa siendo implementado
en todo el país como parte de un lanzamiento
nacional planeado para el 2013. |