por Peter
Blanck, Abogado
En Estados Unidos, la interpretación,
las definiciones legales y las actitudes en relación
con la discapacidad y las personas con discapacidades
han cambiado con el paso de los años.
Tradicionalmente, se consideraba que una discapacidad
era un defecto que le impedía a alguien participar
en las actividades "normales" de la vida.
Podía ser un problema físico o mental,
podía ser de nacimiento o resultante de un accidente
o enfermedad en un momento posterior de la vida. Las
actitudes iban desde el deseo de proteger a la persona
hasta la preocupación
por que las capacidades de la persona y, por lo tanto,
su valor, se vieran disminuidos para vergüenza
y culpa del individuo y la familia.
En muchos casos a la persona se la recluía para
apartarla, en el hogar o en una institución,
y mantenía poca interacción con la sociedad
en general, y en muchos casos la enfermedad se consideraba
permanente y debilitante, y para nada algo que podría
mejorar mediante el tratamiento o aliviarse mediante
adaptaciones adecuadas.
En Estados Unidos, una
definición legal temprana de la discapacidad
resultó de la gran cantidad de soldados heridos
que volvían de la guerra civil (1861-1865). Según
las leyes de pensiones de la guerra civil, a los veteranos
discapacitados del Ejército de la Unión
(del Norte) se les concedían pensiones en función
de su "incapacidad para llevar a cabo trabajo manual".
Este modelo definía esencialmente la discapacidad
como una enfermedad que impedía la igual participación
en la sociedad (y la capacidad de ganarse la vida independientemente).
Pero no todas las discapacidades se consideraban del
mismo modo, ciertos trastornos estigmatizados, trastornos
mentales y enfermedades infecciosas, eran a menudo considerados
indignos de ayuda, y se discriminaba contra las personas
que sufrían semejantes discapacidades.
Cien años después,
en la década de los sesenta, el programa de derechos
del Seguro Social trató de ofrecer apoyo a un
grupo mucho más amplio de personas que vivían
en la pobreza y a los discapacitados. Pero estos programas
mantuvieron el enfoque tradicional de considerar la
capacidad de una persona para acomodarse a un mundo
concebido para personas sin discapacidades y segregar
a la gente que no era capaz de participar en actividades
normales, y siguieron formulando juicios de valor acerca
de los que recibían beneficios o servicios.
Cambios de actitud
Unos pocos años
después, en la década de los setenta,
comenzó a verse a la gente con discapacidades
como un grupo minoritario dentro de la sociedad: un
grupo con derechos civiles que debían ser protegidos,
similar a los otros grupos minoritarios que reclamaban
igualdad. Este modelo de derechos ofreció una
nueva estructura para considerar las discapacidades,
una estructura basada en la inclusión, la potenciación
como persona y la independencia económica.
Los que proponían esta nueva perspectiva pronto
comprendieron que eran necesarias leyes nuevas que se
ocuparan de los derechos e intereses de este grupo.
Este nuevo modelo promovió la aprobación
de leyes que garantizaban el acceso al voto, a los viajes
por avión y a la independencia en la educación
y la vivienda, y que culminaron con la Ley de Estadounidenses
con Discapacidades (ADA). La ADA ha reflejado los cambios
de actitud y, a la vez, ha ayudado a promoverlos, a
medida que se convirtió en el idioma legal para
discutir temas y casos.
Con la llegada de la ADA
la gente comenzó a considerar no sólo
cómo hacer que fueran accesibles los edificios,
sino también la manera de ayudar a quienes sufren
discapacidades a integrarse con otros y participar plenamente
en todos los aspectos de la vida. De amplia influencia,
la ADA tiene implicaciones para escuelas, empresas,
comunidades e instalaciones públicas, para todas
las ramas del gobierno y para los servicios de salud
y sociales.
Entre las prácticas reflejadas por esta nueva
conciencia figuran, por ejemplo, una serie de cambios
en la terminología al referirse a un individuo
como una persona con discapacidad, en lugar de una persona
discapacitada; al considerar capacidades diferentes
en lugar de tener una pauta de lo que se considera normal,
y al hablar de estudiantes que tienen diferencias en
el aprendizaje, en lugar de discapacidades en el aprendizaje.
Al mismo tiempo, ha habido un esfuerzo deliberado por
ampliar nuestra definición de discapacidad para
incluir diferencias en el aprendizaje o en procesamiento
de información, limitaciones físicas y
otras condiciones que le prohíben a alguien participar
en una actividad vital importante.
Muchos grupos e individuos
trabajaron durante varios años para redactar
la ley y hacer que fuera aprobada. El prefacio de la
ADA establece los objetivos del país en relación
con los individuos con discapacidades, objetivos que
consisten en garantizar "la igualdad de oportunidades,
la plena participación, la vida independiente
y la autosuficiencia económica".
Cuando el presidente George H. W. Bush promulgó
la ley en julio de 1990, llamó a la legislación
"una renovación radical no sólo para
aquellos que tienen discapacidades sino para todos nosotros,
porque el precioso privilegio de ser estadounidense
conlleva el deber sagrado de velar por que también
estén garantizados los derechos de todos los
estadounidenses".
El texto de la ley se divide
en subcategorías llamadas capítulos. Cada
capítulo aparece numerado y se ocupa de un tema
o segmento del público determinado, y de las
protecciones o derechos relacionados con ese grupo.
La ADA en acción
El Capítulo I de
la ADA prohíbe para la mayoría de los
empleadores del sector privado discriminar en cualquier
aspecto de la contratación o el empleo, contra
una persona afectada por una discapacidad. El Capítulo
II cubre la discriminación cometida por los gobiernos
estatales o locales. El Capítulo III prohíbe
la discriminación en lugares públicos:
hoteles, restaurantes, centros comerciales, etc.
El Capítulo IV exige a las empresas de telecomunicaciones
la accesibilidad de sus servicios para las personas
con discapacidades. He tenido la suerte de abogar a
favor de individuos que iban a la vanguardia del movimiento
de derechos de los discapacitados. Los relatos que comparto
a continuación se refieren a personas que lucharon
para participar en pie de igualdad dentro de la sociedad.
Conocí a Don P.
y su familia en 1999 en un taller protegido de Wisconsin.
Un taller protegido ofrece un entorno que brinda apoyo
a personas con discapacidades físicas y mentales,
para que aprendan destrezas laborales y adquieran experiencia
de trabajo. Don tiene poco más de cincuenta años
y sufre de retraso mental.
Había trabajado como portero en un restaurante.
Su desempeño laboral era excelente y sus compañeros
de trabajo disfrutaban trabajando con él. Un
día, el gerente regional visitó el restaurante
y, al ver trabajar a Don, criticó al gerente
local por haber contratado a una de "esas personas".
Tras regresar al restaurante, el gerente regional despidió
a Don cuando el gerente local se negó a hacerlo.
El gerente local y el personal del restaurante renunciaron
todos en protesta.
En un juicio basado en
el Capítulo I de la ADA, la defensa sostuvo que
Don no reunía los requisitos necesarios para
el empleo y que la compañía no había
discriminado contra él. Al prestar testimonio
a favor de Don, hablé del estigma que encaran
en el empleo las personas como Don. No había
nada que fuera deficiente en el trabajo de Don; en cambio,
la falta radicaba en las actitudes de los altos cargos
de la empresa.
El jurado decidió que el restaurante había
violado la ADA y otorgó a Don una indemnización
compensatoria de 70.000 dólares en concepto de
salarios atrasados. Para destacar el punto de que la
discriminación por motivos de discapacidad no
sería tolerada, el jurado aprobó además
una indemnización punitiva de 13 millones de
dólares adicionales, lo cual fue en ese momento
la mayor compensación monetaria acordada por
un jurado en un caso de empleo juzgado según
la ADA.
El Capítulo II de
la ADA requiere que los servicios de los gobiernos estatales
y locales estén a disposición de las personas
con discapacidades. Un elemento del Capítulo
II consiste en que las entidades públicas han
de administrar los programas en entornos integrados.
En el caso de Olmstead contra Zimring (1999), el Tribunal
Supremo consideró el alcance de este mandato
de integración.
Dos mujeres con retraso mental entablaron una demanda
al amparo del Capítulo II, alegando que el estado
de Georgia discriminaba contra ellas al darles servicios
en entornos institucionalizados, en lugar de entornos
comunitarios. Los profesionales del estado determinaron
que la ubicación comunitaria (el tratamiento
en una institución local en lugar de una institución
lejana que requería que las mujeres fueran sacadas
de sus hogares, familias y comunidad) era apropiado
para sus condiciones específicas, pero no existían
servicios de este tipo. El Tribunal Supremo sostuvo
que esto constituía discriminación según
la ADA, y requirió que el estado proveyera servicios
a nivel local.
A principios de los años
noventa, yo, como muchos otros, intervine en juicios
para mejorar las condiciones de los centros estatales
destinados a las personas con discapacidades y, donde
fuera apropiado, ofrecerles a los residentes la oportunidad
de vivir en la comunidad. Conocí a Sara K. en
1991, cuando residía en la unidad de cuidado
de salud de la escuela de entrenamiento del estado de
Wyoming.
Sara había pasado la mayor parte de su infancia
en la unidad hospitalaria de la escuela de entrenamiento.
A los diez años de edad, era una muchacha sagaz,
de ojos brillantes, que sufría de espina bífida
y otras graves afecciones de salud. El arreglo a que
se llegó en el caso ordenó que Sara estaría
entre las primeras en mudarse a un entorno comunitario.
Lógicamente, los padres de Sara estaban preocupados,
pero aceptaron que ella podía dejar el hospital
y vivir en su hogar.
El resto resultó ser una historia asombrosa.
Sara se adaptó a la vida hogareña y tuvo
éxito en las aulas escolares corrientes. Unos
pocos años antes, Sara habría tenido que
pasar su vida en la escuela de entrenamiento en una
cama de hospital en un lugar apartado de Wyoming. Como
resultado del cambio, llevó una vida más
normal, participó en la vida de su familia, sus
compañeros de escuela y la comunidad, y pudo
avanzar hacia un futuro más prometedor.
Sara murió en enero
del 2001. Tenía 15 años. El director de
los programas comunitarios de Wyoming, Bog Clabby, me
escribió: "Creo con firmeza que la cantidad
de tiempo que pasamos en esta tierra es menos importante
que lo que hacemos con el tiempo de que disponemos,
y Sara inspiró a mucha gente - y no en menor
grado, creo, a usted y a mí".
El futuro
El modelo de derechos de
los discapacitados que establece la ADA está
teniendo éxito. De hecho, vincula a países
de todo el mundo en la búsqueda de políticas
que mejoren la vida de las personas con discapacidades.
En el verano del 2006 se aprobó la Convención
de las Naciones Unidas sobre Derechos de las Personas
con Discapacidad, un tratado internacional sobre los
derechos humanos de las personas con discapacidades
en el mundo entero.
En Estados Unidos la ADA
contribuye a reducir la discriminación y alienta
a los empleadores a realizar los ajustes necesarios
para adaptar el lugar de trabajo a las necesidades de
las personas con discapacidades. La encuesta de estadounidenses
con discapacidades que realizó la Organización
Nacional sobre Discapacidad/Encuesta Harris reveló
que el porcentaje de personas con discapacidades que
informan de discriminación en el lugar de trabajo
había disminuido significativamente en los cuatro
años anteriores.
Han quedado documentados los beneficios económicos
de las compañías que contratan a trabajadores
con discapacidades y que adaptan el entorno laboral
en función de las necesidades de este colectivo.
El mandato de integración
del Capítulo II de la ADA ha alcanzado a miles
de individuos. En el caso Tennessee contra Lane (2004),
George Lane, que padece de una discapacidad física,
fue acusado en un caso de tránsito. Tuvo que
gatear dos tramos de escaleras para asistir a su audiencia
en el tribunal, en un edificio que carecía de
ascensor. En una audiencia posterior, se negó
a tener que gatear otra vez. Entabló una demanda
para reivindicar su derecho al acceso. En un fallo a
su favor, el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró
que el Capítulo II requiere que los estados no
discriminen contra las personas con discapacidades en
relación con su derecho de acceso a la justicia.
La premisa del Capítulo
III se expone sin rodeos: los centros y galerías
comerciales, oficinas profesionales y negocios como
hoteles no pueden discriminar contra las personas con
discapacidades. Cada vez más, los sitios destinados
a acomodar al público se vuelven accesibles.
Un tema actual, con implicaciones de largo alcance,
es el uso del Capítulo III para asegurar que
la Internet sea accesible. Por ejemplo, que las páginas
web operen con programas de lectura de pantalla usados
por los ciegos. Los sitios web de las entidades públicas
cuentan con un conjunto de normas que han de cumplir
para ser consideradas accesibles.
He puesto de relieve a
Los estadounidenses con discapacidades y su búsqueda
-pasada, presente y futura- de los derechos civiles.
Algunas actitudes son persistentes, y hay personas que
en la actualidad siguen luchando contra el estigma de
la discapacidad, no sólo de parte de las empresas
y el gobierno, sino también de sus socios y hasta
miembros de sus familias.
Fui abogado codefensor
en un proceso de custodia compartida de dos niños:
Mike y Sam. A Mike le diagnosticaron autismo y tomaba
clases que satisfacían sus necesidades educativas
y sociales. En un audiencia del tribunal relacionada
con el divorcio de los padres de Mike y Sam, el padre
le dijo al tribunal que el autismo de Mike había
detenido el desarrollo de Sam. Solicitó la custodia
de Sam.
El juez concedió el pedido y separó a
los niños. La decisión del tribunal de
separar a los hermanos se basó en el supuesto,
carente de fundamento, del impacto negativo de tener
en la familia un niño con autismo. El tribunal
no desaprobó la actuación de la madre,
pero descartó el derecho de los hermanos de vivir
juntos.
Apelamos el dictamen del
juez y el Tribunal de Apelaciones de California estuvo
de acuerdo con nuestra posición. La posterior
reunión de los hermanos Mike y Sam nos recuerda
que los derechos de la discapacidad siguen teniendo
tanto que ver con la lucha contra el prejuicio que encaran
las personas con incapacidades, como con la superación
de las barreras físicas en el mundo. Me siento
optimista de que se concretarán las aspiraciones
de la ADA.
El modo en que nos ocupemos de estos problemas dará
forma a las vidas de la próxima generación
de niños con discapacidades. Al contrario de
cualquiera de quienes los precedieron, nuestros hijos
no conocerán un mundo sin la ADA, un mundo sin
su perspectiva de igualdad. [http://bbi.syr.edu]
Las opiniones expresadas
en este artículo no reflejan necesariamente los
puntos de vista ni las políticas del gobierno
de Estados Unidos.
Guia
sobre las leyes para los discapacitados en Estados Unidos
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