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por veronica Martinez
¿Adelgazar, dejar
de fumar o ahorrar dinero? ¿Cuáles serán
sus buenos propósitos para el Año Nuevo?
Como es costumbre, a medida que se acerca el final de
este año y el principio del nuevo, muchos de
nosotros haremos una introspección profunda y
realizaremos una larga lista de aquello que conocemos
como "los buenos propósitos de Año
Nuevo".
Estos son, simplemente,
metas o promesas que nos hacemos a nosotros mismos ante
el comienzo de un nuevo año.
Tal vez sea porque la idea
de un año nuevo significa un nuevo comienzo,
una nueva oportunidad para dejar atrás los malos
ratos y equivocaciones del pasado, y aprovechar este
nuevo inicio que se nos presenta para, como dicen, "comenzar
de cero" y hacer todo lo posible por ser mejores
y luchar por ser felices.
Es así como muchos
se proponen perder esos kilitos de más, dejar
algún mal hábito, llevar una vida más
saludable, pasar más tiempo con sus seres queridos,
viajar; en fin, las listas de metas son tan variadas
como las personas mismas. El asunto es que a todos estos
se les considera como buenos propósitos de Año
Nuevo o New Year's resolutions, como se les llama en
inglés.
Parecería que la
costumbre de marcarse propósitos para el nuevo
año pertenece a la época moderna, pero
no es así. En realidad, esta aparenta ser una
de las tradiciones más antiguas que existen,
pues la evidencia histórica parece indicar que
fueron los babilonios los primeros en practicarla. Se
estima que tan temprano como a principios del 2000 A.C.,
los babilonios comenzaron a trazarse metas y propósitos
al principio del año.
Para ellos, era importante
y de buena suerte devolver cualquier cosa prestada antes
de que comenzara el año. Curiosamente, el propósito
de Año Nuevo más popular entre ellos era
el devolver cualquier tipo de herramienta de cultivo
que habían pedido prestada a su dueño.
Otras civilizaciones posteriores
siguieron una práctica similar. En muchos casos,
los propósitos de año nuevo eran promesas
que se hacían a los dioses para agradarles con
la esperanza de que estos, en cambio, les concedieran
algún deseo, siendo el de obtener una buena cosecha
el más anhelado.
Por cierto, antiguamente,
se creía que al romper con un propósito
de Año Nuevo, atraería mala suerte. También
se apunta a otro hecho puntual como el origen de la
tradición de los propósitos de Año
Nuevo.
Resulta que alrededor del
153 A.C., al actualizarse el calendario romano y añadir
dos meses adicionales a los 10 iniciales, se consagró
uno de los nuevos meses, el que se convertiría
en el primer mes del año, al dios Jano. (La palabra
enero se deriva de Janero, la cual está relacionada
al nombre de Jano y se deriva del latín Ianuarius).
Según la mitología
romana, Jano era un dios con dos caras, una viendo hacia
el frente y la otra, en la parte posterior de su cabeza,
mirando hacia atrás. De acuerdo a la creencia
romana, esta característica le permitía
la habilidad de poder ver los eventos del pasado y aquellos
que ocurrirían en el futuro.
Por esto mismo a Jano se
le conocía como el "dios de las puertas,"
de los principios y los finales, de los cambios y transiciones,
por eso se le honraba al inicio de eventos importantes
y nuevos proyectos: al principio de la época
de cosecha, al festejar el nacimiento de un bebé
o en el momento en el que una pareja contraía
matrimonio.
Para invocar su poder y
protección al iniciar un nuevo año, también
se le comenzó a invocar públicamente precisamente
en el primer día del año. Para agradarle,
los romanos comenzaron la práctica de buscar
el perdón de aquellos a quienes habían
ofendido, proponiéndose firmemente no ofender
a nadie más, ofreciendo sus buenas intenciones
a su dios. Cuentan que fue así como Jano se convirtió
en el dios de los buenos propósitos para los
romanos y como surgió la tradición de
los buenos propósitos de Año.
En la actualidad, los propósitos
de Año Nuevo no tienen nada que ver con la cosecha,
como en tiempos pasados. De acuerdo a gobiernousa.gov,
el portal oficial en español del Gobierno de
los Estados Unidos, la meta que ocupa el primer lugar
en la lista de propósitos de los estadounidenses
es la de perder peso. Le siguen, en orden de importancia,
pagar sus deudas, ahorrar dinero, obtener un mejor trabajo,
ponerse en forma, alimentarse de una manera más
saludable, obtener una buena educación, dejar
de tomar y de fumar, reducir el estrés, viajar
y, por último, hacerse voluntario y dedicar más
tiempo para ayudar a los demás. |