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La esterilidad o infertilidad
conyugal es un problema que afecta a muchas parejas.
Clínicamente es la incapacidad para llevar a
buen término un embarazo. Tradicionalmente, a
causa de la imperante cultura machista, siempre se ha
considerado a la mujer como la responsable de este problema,
siendo desechada o repudiada por el varón si
no podía tener hijos en civilizaciones ancestrales.
Hoy día, todos los estudios científicos
coinciden en que, en la mayoría de los casos,
es una patología compartida por los dos cónyuges.
Por Pilar Ferrer
Su frecuencia es
variable según el entorno y los núcleos
de población. Curiosamente, la infertilidad es
más numerosa en poblaciones desarrolladas, dado
que el ritmo de vida, costumbres y hábitat pueden
incidir en ella.
Lo que sí queda
claro es que la reproducción y sus problemas
no atañen exclusivamente a las mujeres, sino
que al menos un treinta por ciento de las causas radican
en el varón. Siempre y cuando, claro está,
uno de los dos no padezca una patología grave
o irreversible.
CAUSAS EN LA MUJER
Y EN EL HOMBRE
En la mujer, los motivos
para una infertilidad son variados. Como regla general,
la mala nutrición, anemia y frigidez sexual la
favorecen. También problemas como malformaciones
uterinas, estrechamiento de la vagina y lesiones ováricas.
También influyen
problemas endocrinos como hiper o hipotiroidismo, síndromes
adrenogenitales y ovario poliquístico.
Dentro de la patología
genital, son proclives a provocar esterilidad la inflamación
pélvica, obstrucción tubárica,
endometriosis, miomas, cervicitis y vaginitis.
Los desequilibrios emocionales
y una sexualidad errática también contribuyen
a la infertilidad.
Las causas en el varón
son también diversas. Fatiga, estrés,
exceso de alcohol o tabaco, impotencia sexual, aplasia
germinal, criptorquidia o malformaciones testiculares.
Enfermedades endocrinas,
como los problemas tiroideos, síntomas adrenogenitales
o diabetes severa pueden generar este mal. En cuanto
a la patología genital, algunos factores desencadenantes
son la varicocele, epididimitos, problemas de próstata,
orquitis uriliana y malformaciones del pene.
Por regla general, en la
mayoría de las casos, con un buen tratamiento
a cargo de los especialistas, la infertilidad puede
tener curación. La mayoría de las parejas
que ejercitan la sexualidad normal logran un embarazo
dentro del primer año (un 80 por ciento), y otras
en el segundo (un treinta por ciento).
CITA CON EL GINECÓLOGO
Por ello, suele recomendarse
acudir al ginecólogo después de dos años
de relaciones, casi tres, sin que prospere el embarazo.
A partir de entonces, el
médico iniciará un profundo estudio de
la pareja estéril, con una historia clínica
que compruebe el estado de salud de los cónyuges,
si existen problemas de diabetes, cardiopatías,
infecciones, toxicomanías y equilibrio emocional.
Es preciso también
un análisis completo del aparato genital de la
pareja, a nivel individual, para comprobar las posibles
malformaciones de la mujer (citología del cuello
uterino, moco cervical, ovarios), y las del varón
(espermiograma, capacidad fecundatoria del esperma y
su recepción sobre el cuello endometrial), con
una prueba bioscópica postcoito.
Por tanto la infertilidad
puede tener múltiples variables, genitales, inmunológicas,
anatómicas, infecciosas y anímicas.
Es también por ello,
que el diagnóstico debe ser abordado desde un
principio con mucha profesionalidad, con alta especialización,
para atajar cuanto antes los problemas que afecten a
la capacidad reproductiva de la pareja.
Una vez detectado el origen
del problema, los tratamientos hormonales y el recurso
a la inseminación artificial son decisiones delicadas
que han de tomar el especialista y los propios afectados.
La llega de una nueva vida entra en juego. |