|
El insomnio es
una de las afecciones más sufridas en las sociedades
occidentales, un síntoma psicológico o
neurológico que afecta a miles de adultos y debe
afrontarse con optimismo y tesón, ya que su remedio
es posible.
Hay tres tipos
de insomnio: el insomnio de conciliación, que
presenta dificultades para conciliar el sueño;
el insomnio de mantenimiento, cuando se logra dormir
a tiempo pero resulta muy difícil mantenerlo
durante la noche; y el insomnio terminal, cuando la
persona no tiene dificultades para comenzar a dormir,
pero se levanta más adelante, en la noche, y
no puede volver a descansar.
Para tratar el insomnio
debe acudir antes a la raíz del mismo. Generalmente,
hay una causa psicológica que lo provoca, como
preocupaciones, ansiedad, depresión o estrés,
pero también puede haber un origen neurológico
en este mal, que usualmente viene acompañado
por otros síntomas físicos.
HIGIENE
Existen numerosos tratamientos
para el insomnio pero, antes de recurrir a los farmacológicos,
la mayoría de los doctores recomiendan adquirir
ciertos hábitos de higiene antes de acostarse.
Dormir únicamente lo necesario para un despertar
descansado; establecer horarios para dormir y seguirlos
de manera estricta, utilizar la cama únicamente
para dormir; no acostarse a dormir hasta se tengan verdaderos
deseos de ello; controlar que los sonidos externos a
la habitación, la suficiente penumbra y la temperatura
de la habitación sean las adecuadas para conciliar
el sueño.
El televisor y el ordenador
se deben ubicar fuera de la habitación, de lo
contrario el cerebro se acostumbra a la estimulación
de estos aparatos y comienza a esperarla cuando se está
en dicho lugar, dificultando así la conciliación
del sueño.
También se recomienda
un cuidado especial en la dieta antes de acostarse.
No en vano, es preferible no comer ni beber en exceso
antes de dormir. También se debe evitar consumir
café, té, refrescos de cola, alcohol y
no fumar antes de acostarse. Ciertos medicamentos como
los antigripales y antitusivos pueden alterarla calidad
del sueño, así que deben ser tenidos en
cuenta en el paciente con problemas de insomnio. El
consumo de cafeína debe suspenderse por lo menos
ocho horas antes de acostarse e igualmente es recomendable
dejar de fumar, ya que la nicotina es un estimulante.
INFUSIONES
Sin embargo, existen refrigerios
que pueden hacer más fácil la conciliación
del sueño. Infusiones como la tila alpina o la
manzanilla así como la leche caliente con miel
son excelentes aliados para asentar el cuerpo y prepararlo
adecuadamente al descanso.
Hacer ejercicio es recomendable
para combatir el insomnio. Sin embargo, es conveniente
no practicar deporte en horas cercanas al sueño,
ya que puede ser contraproducente y mantener el organismo
demasiado activo para dormir convenientemente. La actividad
deportiva a horas regulares y con asiduidad es una alianza
efectiva para dormir como un bebé.
El tratamiento con medicamentos
se ofrece cuando se ha hecho evidente que el manejo
de los hábitos es adecuado y el insomnio persiste.
Según expertos de la página especializada
www.abcmedicus.com, se suelen utilizar hipnóticos
del tipo benzodiacepinas, o bien los medicamentos conocidos
como antidepresivos, con efecto sedante. Igualmente
existen medicamentos que se utilizan para los episodios
de alergia pero que tienden, como efecto secundario,
a producir somnolencia.
PELIGROSA AUTOMEDICACIÓN
Es aconsejable ingerir
medicamentos contra el insomnio siempre bajo prescripción
médica y nunca bajo la peligrosa tendencia a
la automedicación, ya que se puede caer en la
adicción o el abuso de estas sustancias.
Cuando se agotan las vías
convencionales para el tratamiento del insomnio, se
puede recurrir a pruebas más especializadas y
exhaustivas como el registro del sueño profundo,
los exámenes psicológicos o los exámenes
de tiroides (tipo TSH, T3, T4).
En algunos casos poco frecuentes,
es posible que el médico remita al paciente a
un especialista en medicamentos para el sueño,
quien llevará a cabo un estudio del sueño,
conocido en la jerga médica como polisomnografía.
Esta prueba se enmarca dentro de los estudios destinados
a conocer la estructura del sueño (insomnio,
hipersomnia diurna, sueño fragmentado) y la presencia
de fenómenos anormales como pueden ser apneas
(paradas de respiración), movimientos anormales,
sonambulismo u otros.
Para la polisomnografía
se colocan sensores de las distintas funciones corporales
que van a ayudar a determinar cómo es el sueño
y si hay fenómenos anormales. Según los
síntomas y las enfermedades que se sospechen
se usarán unos electrodos u otros. A veces se
registra la imagen en vídeo, o la temperatura,
presión esofágica o pH esofágico.
|